Mucho se ha escrito sobre quien fuera el famoso primer ministro brItánico, pero poco sobre su interés por los, entonces, denominados “flying saucers” (platos voladores) hoy conocidos como OVNIS

De Winston Churchill (1874/1965) se ha dicho y escrito mucho. Claro está que quien fuera primer ministro británico durante la Segunda Guerra Mundial (1939/1945) hizo lo suficiente con su excéntrico comportamiento para que así fuera. Lo que ninguno podrá poner en duda es que se trató de una singular mente brillante capaz de analizar hechos cuando los demás ni siquiera se daban cuenta de lo que estaba sucediendo.

Pero, tal vez, aun los más interesados en la biografía de esta personalidad, desconozcan su interés por los, entonces, denominados “flying saucers” (platos voladores) hoy conocidos como OVNIS

La información que más llamó la atención –que fue revelada hace pocos años– es que en la década de los 50 del siglo XX, lo más altos jefes de inteligencia británica se reunieron en secreto para discutir las observaciones de objetos aéreos de origen totalmente desconocido por parte de aviadores de la RAF.

Entre los altos jerarcas existía, por entonces, una gran incertidumbre sobre si, en verdad, se trataba de una tecnología superior de algún otro país o, en realidad, era tecnología procedente de otro planeta. La cuestión no era menor, sobre todo si se tiene en cuenta que hacía pocos años de finalizada la guerra y que aún se mantenía la sospecha de que los nazis poseían bases secretas (submarinas, en los polos o en aisladas regiones) desde donde se preparaban para desplegar esas “armas secretas” a las que se refiriera Hitler en varios de sus últimos discursos. Por otro lado, permanecía la duda sobre si Estados Unidos y/o la Unión Soviética habían atesorado –sin hacerlo público– tales armamentos y los estaban probando, en este caso violando el espacio aéreo británico.

Museo Nacional Winston CHurchill Missouri (USA).jpg

Máximo secreto

El primer ministro Winston Churchill –hombre desconfiado si los hubo– ordenó de inmediato que todos los documentos relacionados con estas extrañas apariciones se mantuvieran en secreto para el público durante medio siglo. El argumento para esa disposición fue el ya conocido “se tenía miedo de que al darse a conocimiento masivo se produjera un pánico general”. Lo concreto es que a Churchill le preocupaban los posibles encuentros entre aviones bombarderos de la Real Fuerza Aérea británica con esos aéreos de origen desconocido.

Ciertos datos filtrados, aseguran que el premier británico se reunió con Dwight Eisenhower, presidente de los Estados Unidos, para decidir la mejor manera de encubrir cualquier episodio en el cual un piloto de la fuerza aérea británica hubiera observado algún objeto aéreo no identificado. La razón, para disimular la noticia, según Churchill, es que pensaba que. En caso de darse a conocer, “causaría un terror masivo y destrozaría las creencias religiosas del pueblo.”

Téngase en cuenta que, según lo explicó en su momento Rajini Vaidyanathan, periodista de la BBC de Londres, las evidencias demuestran que sólo durante el año 1957 el Comité Conjunto de la Inteligencia Británica recibió un promedio de un reporte semanal de avistamiento de fenómenos aéreos de naturaleza desconocida. A la fecha varios de ellos siguen sin explicación.

Asimismo, de acuerdo a informes que fueron desclasificados hace sólo unos años, demuestran que Churchill presidió varias reuniones, en plena Segunda Guerra Mundial, para debatir el tema. Se trataba de descubrir qué cosa eran eso que los aviadores llamaban foo fighters. Esas masas amorfas de luz que no sólo eran vistas sino que, inclusive, atravesaban el fuselaje de los aviones sin provocar daño alguno. Asunto que sigue aún hoy sin respuesta. Lo que si fue determinado es que estos foo figthers no sólo aparecían a los aliados sino también a las fuerzas del eje. Ambas partes presuponían que se trataba de armas secretas construidas por el otro bando.

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¿Estamos solos en el Universo?

Para mayor confirmación del interés de Sir Wiston en este tema, recordemos que fue en 2016 cuando Timothy Riley, director del Museo Nacional Churchill, situado en Missouri (Estados Unidos) encontró un escrito del estadista titulado “¿Estamos solos en el Universo?”

Se trata de once páginas escritas a máquina, durante el año 1939, en las que Churchill reflexiona sobre la búsqueda de vida fuera de la Tierra. “Con lo vasto que es el Universo resulta difícil pensar que los humanos seamos algo único”, anota. “No estoy tan inmensamente impresionado por el éxito de nuestra civilización como para estar dispuesto a pensar que este es el único lugar que contiene vida, criaturas pensantes, o que somos el mayor tipo de desarrollo mental y físico que ha aparecido en el espacio y el tiempo”, agrega.

Es tal el conocimiento científico preciso que puede escribir lo siguiente: “Todas las criaturas vivientes que conocemos necesitan agua. Las células están en su mayoría compuestas por agua.” … “No podemos descartar que otros líquidos pudieran hacer la misma función, pero a día de hoy no los conocemos.”

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, autor del libro “Qué hay detrás de los OVNIS? www.antoniolasheras.com

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