Cuando a fines de los ‘50 vino de Salta a Buenos Aires vivió en una villa, fue ciruja y un día descubrió que era dueño de un don con el que hoy, ya reconocido, busca transmitirles a los chicos del barrio su arte

La suerte de la primera creación de Bernardo Casasola no fue la mejor. La bandeja que había hecho sobre papel madera con engrudo y decenas de fósforos usados para encender el sol de noche que iluminaba el precario rancho donde habitaba en lo que hoy es la villa 1-11-14, terminó por el piso impulsada por su madre disgustada porque el nene, que entonces tenía 13 años, no había cumplido con la orden de despejar la de por sí despojada mesa de la cocina. Lejos de traumatizarse, Bernardo consolidó un arte que terminó dándole notoriedad.

Hoy, cincuenta años después de ese episodio, Bernardo ha acumulado un centenar de obras de las cuales una se perfila como la realización máxima por la cual ya están avanzadas las gestiones para incluirla en los Records Guinness. Se trata de un galeón español del Siglo XVIII que modeló ya no con material usado sino con palitos utilizados para la fabricación de fósforos que un mecenas le proporcionó en cantidad suficiente hace unos años, impresionado ante la capacidad creativa de Bernardo.

Hasta ahora, Casasola destinó seis años y medio a la construcción del galeón y estima que para completarlos con todos los detalles, que incluyen hasta los muebles en miniatura de su interior, le faltan por lo menos otros tres más. Pero la construcción del galeón sigue su marcha viento en popa en el local de tapicería que antecede la casa de Bernardo, en González Catán. Las tratativas encaminadas con Edward Meyer, el director de los Records Guinness, y los reconocimientos recibidos en el país y el exterior por la obra que consuma no han cambiado un ápice la humildad característica en Bernardo, nacido hace 63 años en la localidad de Cerámica del Norte, en Salta, en los que cultivó su arte sin renunciar a su condición de laburante.

Con la vaca atada

"Allá por 1959, cuando recién llegamos de Salta, era un ciruja con todos los honores que se las rebuscaba en La Quema que estaba en lo que hoy es Parque Roca" señaló a HISTORIAS DE VIDA Bernardo, quien admite haber aprendido a escribir recién a los 25 años e incursionado en diversas tareas como la de vender leche ordeñada de una vaca que lo acompañaba en sus recorridas, comercializar frutas y verduras en un carro y pintar casas con brocha y rodillo. Actualmente hace tapicería y suma ingresos en una cooperativa del Plan Argentina Trabaja con la cual construye veredas en La Matanza.

"Cuando pienso en todo lo que hice en la vida -explicó- me doy cuenta que soy una persona dichosa y bendecida porque siempre me he cruzado con gente muy buena" como el ex gerente de la Compañía General de Fósforos, el peruano José Camino Ivanovich, que lo nutrió de materia prima para sus realizaciones, y el estadounidense Patrick Acton, un artesano en su misma actividad que le franqueó el acceso al Guinness.

"Mi sueño es poder hacer lo que ya hice como colaborador de la Fundación Padre Mario con adictos e hijos de detenidos, y enseñar este arte a los chicos. De allí -dijo- que trabaje con las puertas del local abiertas para que el quiere, pase"'. Pero Bernardo sabe que le hace falta patrocinio que le permita dar forma a una suerte de museo que pueda ser visitado por las escuelas y donde el galeón que va camino al Guinness sea la nave insignia de un centenar de creaciones que honran aquella bandeja porta pava injustamente revoleada por la rabieta materna.

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