Desde hace 25 años, Carlos Avendaño cumple funciones en la empresa AYSA, pero su tarea es muy especial, ya que es experto en el arte del fileteo y traduce ese talento de distintas formas en su quehacer, desde decorar tanques de agua hasta pintar murales y paisajes.

El fileteado es una de las expresiones que más relación tienen con el arte popular, y su origen se encuentra en los viejos carros que allá por principios del siglo XX transitaban una mucho menos poblada Buenos Aires, y que acompañaban un dibujo ornamental con alguna leyenda poética o picaresca.

Son muchos los artistas que mantuvieron esa expresión y la ampliaron en distintas direcciones, y si bien en los últimos años el fileteado pareció quedar en el rincón de la nostalgia, no son pocos quienes rescatan esta disciplina artística y la revitalizan como una forma de devolverle vigencia bajo nuevas formas e ideas.

Desde hace más de 20 años, Carlos Alberto Avendaño (54), casado con Nancy y con cuatros hijos, los mellizos Florencia y Mauricio, Sofía y Valentina, trabaja en el sector Cuadrilla de los talleres que la empresa AYSA tiene en Adrogué. Pero su historia es muy singular, porque gracias a sus aptitudes para el dibujo y la pintura, pudo abrirse un camino diferente dentro del lugar donde desempeña sus tareas.

Carlos, que vive en Quilmes, cuenta en la charla mantenida en los amplios talleres de reparación y servicios que AYSA tiene en la calle Varela, en Flores, que "de chiquito, mi papá me entretenía con un lápiz carpintero, de esos que tienen dos colores, azul y rojo, y yo daba rienda suelta a lo que imaginaba dibujando de todo"

Explica que "como mis padres, que venían de Corrientes, trabajaban buena parte del día, algunas horas las pasaba con una familia amiga, cuya hija, que me llevaba 6 años, dibujaba muy bien, y me enseñaba, y yo copiaba su estilo. Además, en la escuela era malo para los números, pero el dibujo me salvaba".

Por consejo de sus padres, Carlos se anotó en una escuela técnica, y gracias a su pericia para hacer planos adquirió las bases técnicas para mejorar su formación. "Era muy joven, tanto que un profesor desconfió una vez que yo lo hubiera hecho, sino que era obra de mi papá".

En los años ‘90, Carlos trabajó en una fábrica de fósforos, luego de sobrevivir con distintas changas. Comenta que "allí había un muchacho letrista que no dibujaba, y como trabajaba en un restaurante me pidió que le hiciera algunos bocetos de dibujos alusivos. Así, arranqué de a poco, y comencé a confeccionar carteles a pedido".

Hasta que en 1995 surgió la chance de hacer carteles y anuncios para los servicios sanitarios del partido de Quilmes, y Carlos comenzó a trabajar allí. Por esa época, justo un jefe le preguntó si hacía pasacalles. Segun Carlos "le dije que sí, y dijo casi en secreto que quería felicitar a su hija que cumplía 15 años y a la que no veía hacía tiempo. Al final, le hice el pasacalle en Plátanos, con una dedicatoria especial, y la hija, que vivía allí, lo vio, y gracias a eso volvió a ver al padre, que me agradeció y me dio mejores condiciones de trabajo en la empresa".

A mediados de los 90’, Carlos comenzó a trabajar en AYSA, y si bien allí desempeña diversas tareas como empleado, desde control y mantenimiento, recorridos de pozos, y nivel de gastos de electricidad, sus aptitudes como dibujante hicieron que también le asignen otras tareas.

Entre ellas, actualmente Carlos está dedicado a pintar y filetear un viejo tanque de transporte de agua, de los años ‘60. Señala que "le hice en letras de fileteo las siglas del sindicato, y lo pinté de verde, pero falta concluirlo con un cuadro alegórico de la actividad".

Acerca de cómo adquirió esta habilidad en el fileteado, Carlos detalla que "un muchacho del barrio me conectó con un conocido que tenía una empresa de colectivos, y como sabía hacerlo, me enseñó la técnica, y de a poco la fui mejorando, y se metió en mi vida para siempre".

Una de sus obras llegó al Senado Nacional

En sus ratos libres, Carlos decora todo tipo de elementos y artefactos con los rudimentos del fileteo, desde pavas hasta regaderas, objetos, y pequeños motivos en hojitas de árbol disecadas. Dice que "algunas cosas las vendo, otras las hago a pedido, pero todo me gusta mucho, y pienso en avanzar día a día, porque además es algo que me hace bien en lo interior".

Además, participa con su tarea en la revista de la empresa, haciendo dibujos e ilustraciones, y dice que su lema es "menos en el aire y el agua, dibujo en todos lados y en todos los materiales", ya sea tela, madera o metal, y remarca que "hago de todo, pero en especial me gustan los paisajes y los animales".

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Carlos cuenta que durante un tiempo estudió dibujo con el caricaturista Luis Ordoñez, y reconoce que "aunque no seguí ese estilo, sin dudas me dio recursos técnicos importantes para lo mío".

Integrado a la Asociación de Fileteadores de Buenos Aires, Carlos participó en varias muestras colectivas, y hasta expuso una obra en el Senado, que muestra a un par de caballos rodeados por flores ornamentales. Con pena, dice que "también hice un cuadro hace un tiempo con la imagen de San Martín, a quien admiro por sobre todo, pero por razones que nunca entendí, no me lo dejaron exponer".

Con respecto a la historia de esta disciplina, Carlos dice que "sé que mucho tiempo atrás era una changa, la gente de la Boca, donde se originó el arte del fileteo, decoraba carros o camiones, luego los colectivos, para ganarse el mango. Luego creció como expresión artística, y también estuvo por desaparecer, pero por suerte hubo gente que lo rescató y resurgió como expresión".

Una actividad que lo lleva a los viejos tiempos

Entre otras actividades, Carlos también hace trabajos para el gremio. "Hago banderas, decoro sectores del predio de la obra social, y dentro de la empresa he llegado a hacer hasta un par de murales, en la sede de Adrogué, y es algo que le da vida al lugar, e incluso no son pocos los que se acercan a sacarse fotos con el fondo de ellos".

Además de sus tareas cotidianas, Avendaño se hace un tiempo para el trabajo extra, ya sea para hacer carteles en negocios, locales o restaurantes, y dice que "en casa tengo un tallercito en el garage, y le dedico algunas horas cuando puedo".

Como sucede en muchos aspectos, reconoce que "es caro comprar los materiales, yo compro muy de a poco, pero es algo que me hace bien, y por suerte aquí me dan la libertad creativa que necesito para esto". Desde lo emocional, Carlos afirma que "la persona que me enseñó me dijo que esta tarea remite siempre a la nostalgia, y es cierto, porque cuando lo hago recuerdo a mi viejo, que me impulsó a dibujar cuando era chico, me emociona recordarlo, porque él ya no está, yo cuando estoy cansado me pongo a pintar y es como si volviera a aquellos tiempos".

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AySA reconoce la labor de Carlos Avendaño como trabajador de la empresa hace casi 25 años, quien pertenece al Sindicato Gran Buenos Aires de Trabajadores de Obras Sanitarias(SGBATOS), liderado por José Luis Lingeri.

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