Aunque la esquina de Montevideo y Olavarría, en Villa Madero, hoy le quede lejos en tiempo y distancia, Héctor Celano logra que su esencia vuelva al barrio que le enseñó códigos que lo forjaron como persona y artista y que expresa toda vez que su sensibilidad se abre para recitar poesía.
En rigor Celano, de 64 años, está empeñado en exhumar el viejo oficio de juglar que le significó un espacio para recurrir a los poemas con los cuales ha recorrido el mundo, reeditando de alguna manera el trashumante ritual de sus antepasados en el arte de transmitir la oralidad por los caminos de la vida.
Héctor siempre estuvo cerca del arte signado por el compromiso, quizás porque incorporó marcas de Matilde, su madre, que leía poesía a pesar de tener solo cuarto grado, y de Pedro, el papá que murió joven después de haberla yugado duro y parejo en su condición de obrero.
"Vine al mundo en Ramos Mejía pero crecí en Villa Madero y la verdad es que uno realmente nace en el lugar en el que empieza a caminar", aseguró Celano a HISTORIAS DE VIDA.
Cerca de ese barrio fue donde quien se identifica como un juglar del Siglo XXI comenzó a desarrollar primer oficio, el de tallador de cristales, curiosamente una manera proletaria si se quiere de entender otra forma de aplicar el arte.
"A los 11 años entré como aprendiz a un taller de tallado cuyo piso era de tierra que un vecino chileno tenía en La Tablada" recordó de los inicios del que terminó siendo su profesión original. Ya de joven y durante quince años tuvo su propio taller donde desarrollaba, dijo, "un laburo artesanal pero insalubre" en el cual "el florero que salía mal, terminaba convertido en cenicero".
Cultura a la cubanaPero la poesía y la literatura cada vez lo fueron coptando más y no por nada Celano lleva escritos trece libros que inició con "Identidad", en 1984, y tiene como uno de sus últimos exponentes "Hasta la poesía siempre", editado en italiano.
Su desembarco en el mundo cultural lo acercó por doble vía a Cuba, en la que llegó a conocer a Fidel Castro y participar de la Unión de Escritores y Artistas de ese país. "En 1998 gané el Primer Premio literario de la Ciudad de Santa Clara con mi poema 'Sol de Polen' , señaló, pero también gravitó la relación con su actual esposa, Norma Ortega Navarro, una cubana a la que paradójicamente conoció en Buenos Aires.
Junto a Norma, con la que vivió siete años en La Habana, Celano incentivó sus presentaciones por el mundo con el recitado de poesías que llevó por Uruguay, Chile, Suiza, Francia, Bélgica, Alemania y España.
Héctor, que tiene una hija, Violeta, precisó que su rol de juglar o rapsoda, como lo denominaron en España, "es transmitir oralmente la poesía porque esa acción se convierte en un acto de humanización y unidad logrado a través del intercambio que produce el poeta".
Cuando emprendió su recorrido en el recitado, confiesa que tomó como ejemplo al popular Héctor Gagliardi, sin imitarlo, pero buscando una vía sensible para narrar sentimientos.
Héctor está satisfecho porque ha logrado ese cometido con un decir sentido y profundo que sabe a barrio, a cristales tallados y al ADN de poesía y lucha heredados de Matilde y Pedro, quienes nublan con lágrimas sus ojos cuando los recuerda.