Cuando Oscar Lopardo fue consciente que podía revivir la felicidad extrema que le reportaban de niño los carnavales infantiles en el Club Versailles, decidió no alejarse nunca más de aquel chico que fue para compartir para siempre carcajadas y sorpresas con generaciones de pibes.
Una confitería bailable que montó, ya de grande, junto a su hermano César en Ituzaingó, fue el puente mágico que al mejor estilo del Harry Potter de la literatura, Oscar decidió cruzar para convertirse en payaso, primero, y mago, después, bajo el mote de Cucurucho, el nombre que es su marca registrada.
Cucurucho, de 76 años que no parecen, lejos está de ser un mago común y silvestre. Sin integrar el colegio Hogwarts de magia y hechicería concebido por la escritora J.K. Rowling para su celebérrima saga, se las ingenió para estudiar por sí solo, convertirse en profesional hoy con más de 40 años de actividad y además de eso, enseñar el oficio para lo cual escribió un total de siete libros.
"Cuando empecé como payaso me di cuenta de las posibilidades que tenía en mis manos y como me daba bronca que los magos que trabajaban circunstancialmente conmigo ocultaran sus trucos ante mí, empecé a estudiar por mi cuenta", señaló Oscar a HISTORIAS DE VIDA.
"Hace tiempo que la magia dejó de ser secreta, al punto que ahora hasta se deschavan los trucos por internet", afirmó Cucurucho, defensor a ultranza del misterio y encanto de su profesión.
Cuando con su hermano empezó a hacer las matinée para chicos en la confitería Elicó, en Ituzaingó, el payaso contratado para la primera presentación resultó un canto a la improvisación. "Fue algo horrible, por lo que tomé la determinación de hacer yo el número. Mi mujer -contó- me dio un pantalón viejo, una remera rayada y un gorro y así, pintado con un corcho, salí a escena. Fue todo un éxito"
Tanto que enseguida comenzó su carrera como clown primero con el nombre de Eliquito, en honor a la confitería, pero ya al año siguiente pasó a ser Cucurucho.
La piedra filosofal
La nueva manera de ganarse la vida lo llevó a conformar el grupo Los Comics Music, una banda musical de payasos integrada por Terremoto en el órgano, Pirulín en la batería, Cucurucho en guitarra y Bartolito, como cantante. "Hoy Terremoto y Bartolito son empresarios y Pirulín, es el chofer de un ministro", acotó.
Oscar compuso decenas de canciones y para cuando inició su recorrido como mago, Rosita, la mujer que lo acompaña desde hace 52 años, se convirtió en su partenaire. El matrimonio tuvo tres hijos: la nena incursionó como clown en un dúo, el otro es mago como su papá, y el tercero, remata, "solo vago".
Fue en 1999 cuando este hombre nacido en Versailles, pero que ama el barrio de Flores, comenzó su prolífica tarea para enseñar magia con una serie de libros en los que aplicó sus conocimientos y experiencias. Como maestro, confiesa que ha formado a mucha gente en la magia.
"Lo bueno es que sigo siendo un chico" dijo de la labor que despliega cuando lo contratan . "El problema es que ahora el trabajo bajó un 50 por ciento y por eso -ironiza- hay que ser mago para llegar a fin de mes". Y así, mientras hace desaparecer de sus manos un pañuelo rojo que en segundos se corporiza en el bolsillo de su pantalón, logra un vez más, por arte de magia, generar sonrisas multiplicadas que enmascaran la sublime ilusión de los chicos y quienes han dejado de serlo.