Convencido de la necesidad de pasar del lamento a la acción, Matías Ronconi creó, junto a dos socios, la ONG Pequeños Pasos, entidad destinada a ayudar a chicos, jóvenes y familias con problemas de vulnerabilidad y exclusión social.

Desde 2007, la asociación civil Pequeños Pasos viene desarrollando una tarea destinada a dar una respuesta solidaria a la compleja problemática de la exclusión, a través de distintas áreas desde las que intenta no apuntar solo a lo coyuntural sino también posibilitar la inserción de niños y familias que han quedado postergadas en sus chances de integración social.

Por entonces, Matías Ronconi, uno de sus gestores, trabajaba en una compañía de seguros, y en charla con un par de amigos, Roberto y Darío, sintieron la necesidad de involucrarse en algún tipo de trabajo para contribuir a paliar el estado de exclusión y pobreza de muchas familias, especialmente en el Conurbano.

“Todo empezó- afirma Ronconi- cuando escuchamos una charla sobre desnutrición infantil en el Conin, y esto nos incentivó a buscar una manera de crear una alternativa comunitaria, aunque todavía no sabíamos cómo empezar”.

Matías Ronconi

Luego de un año de trámites, averiguaciones y demoras burocráticas, finalmente le dieron forma a la ONG Pequeños Pasos, una denominación que refleja fielmente el espíritu de la búsqueda gradual de algunos caminos para mejorar la vida de quienes por distintas circunstancias quedaron fuera del sistema.

Nacido en el partido de San Martín, casado y con cuatro hijos pequeños, fanático por igual de River y Chacarita, Matías (36) transitó por distintas actividades siendo más joven, cursó estudios de administración de empresas y hoy sigue trabajando en el rubro de seguros. Pero buena parte de su tiempo lo dedica a esta actividad solidaria que, asegura, “me trae otras satisfacciones desde lo personal, ya que creo que si todos nos involucráramos un poco, las cosas serían diferentes para muchos que no la pasan bien”.

“El paso inicial lo dimos - señala - en el distrito donde vivo, en un barrio con muchas carencias y necesidades, en un asentamiento de José León Suárez, y de a poco fuimos convocando a gente con ganas de integrarse al proyecto”.

La primera sede de Pequeños Pasos fue en la Cárcova, en José León Suárez, donde alquilaron un local como base de actividades. Según Matías, “se trataba de un asentamiento muy postergado a todo nivel, que surgió en terrenos de relleno a la vera del Reconquista, cerca del CEAMSE, y con un nivel de contaminación muy grande”.

Esa primera experiencia implicó la asistencia a 50 familias con un trato personalizado, y con la colaboración de un equipo integrado por un trabajador social, una nutricionista, un pediatra y un estimulador.

Matías Ronconi

Aunque al comienzo los gastos corrieron totalmente por parte de los tres socios, de a poco se fueron acercando voluntarios y entidades, como Caminando Juntos, que ofrecieron su aporte para la estructura básica.

Si bien la etapa de la Cárcova se terminó abruptamente porque el dueño del lugar no renovó el alquiler, la buena voluntad de un colaborador, Rodolfo Bertolotti, hizo que consiguieran un terreno en Loma Hermosa, donde edificaron una casa que comenzó a funcionar en 2013.

Fue el primer peldaño de lo que pasó a ser luego un espacio de primera infancia, integrado dentro de un programa de la Nación, dirigido a niños de 45 días a 4 años, en un espacio donde ahora concurren 220 chicos durante 7 horas, que acceden a tres comidas al día.

Ronconi detalla que “nosotros estamos trabajando en tres áreas, que son la de primera infancia, la de niñez y adolescencia y la de oficios, esta es para personas de 18 años para arriba, dirigido a comunidades vulnerables, de barrios humildes, y que les permite capacitarse para poder tener salidas laborales inmediatas”.

Una contención para 6 mil familias

Con respecto al espacio de niñez y adolescencia, Matías explica que “surgió hace tres años y está enfocado a la contención, puede incluir a chicos y jóvenes que abandonaron el colegio, o que afrontan distintos problemas, desde adicciones hasta problemas de aprendizaje” y destaca que el tema de la lucha contra las drogas es uno de los que más esfuerzos exige.

Aclara que “lo bueno es que esto es multiplicador, ya que un padre se entera de este programa y se integra al de oficios, o un hermanito a primera infancia, de esta manera surge una forma de potenciar las posibilidades familiares”.

El programa de primera infancia, en tanto, incluye la estimulación y nutrición de los chicos, y cuenta con un staff de profesores, nutricionistas, psicólogos, trabajadores sociales, cocineros, evaluadores, y maestras jardineras.

Según Ronconi, entre todos los programas de Pequeños Pasos hay actualmente unas 6 mil familias, y en la ONG trabajan unas 170 personas, además de numerosos voluntarios que se acercan para prestar todo tipo de ayuda, desde refacciones edilicias hasta provisión de alimentos.

De Buenos Aires hasta Andorra, en Tierra del Fuego

Actualmente Pequeños Pasos cuenta con cuatro espacios de primera infancia: dos en Tigre, el de San Martín y uno en la Boca. Pero además se abrió otro en la comunidad de Andorra, en Ushuaia, Tierra del Fuego, con talleres para madres y chicos.

La idea que sustenta Matías es que los tres programas lleguen a todas las sedes, y menciona que con mucho esfuerzo y colaboración surgieron varios centros en el interior y el GBA: Neuquén, Bariloche, Tierra del Fuego, Quilmes, San Miguel, San Martín y General Rodríguez.

Al mismo tiempo, comenta que “hasta hace 4 años teníamos un promedio de atención de 200 familias por año, y sólo en infancia. Pero en 2017 esa cifra subió a 1.500, y este año llegó a 6 mil, lo cual demuestra que las necesidades son cada vez mayores”.

Ronconi detalla que “intentamos que haya promotores que hagan un seguimiento de cada familia, y trabajar con ellos en temas como cuestiones de documentación, salud, talleres, huertas familiares si hay posibilidades, y sobre la violencia y las adicciones, pero lo esencial es que todos acceden a un plato diario de comida”,.

Y resalta que “esta actividad debería estar a cargo del Estado, pero hubo épocas de mucha ausencia, y en ese período, las comunidades crecieron mucho, y se formaron organizaciones de base que empezaron trabajos directos. Creo que debe haber un equilibrio entre ambos aportes, todos pueden ayudar a nivel individual o grupal, y eso es útil, pero el Estado no puede desentenderse del tema, y debe estar presente con objetivos muy precisos”.

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