La ingeniera textil Patricia Marino desarrolló la mayor parte de su actividad en el INTI, y actualmente es directora del Proyecto Seda, una iniciativa que procura generar fuentes de trabajo y ayuda a pequeños productores rurales.

Cuando Patricia Marino decidió estudiar ingeniería textil, la carrera contaba con muy pocas aspirantes mujeres, lo cual la situó como una persona nada dispuesta a conformarse con lo establecido. Nacida en la ciudad de Marcos Paz, su padre era médico, pero ella eligió seguir otro rumbo, y al terminar su secundario se inscribió en la Universidad Tecnológica Nacional, atraída por una disciplina que le parecía “muy polifacética y atractiva”.

Con el tiempo, la ingeniera Marino descubrió la importancia de la docencia, y desde hace varios años dicta tres materias en la misma universidad donde se formó, mientras asegura que “ahora la mano cambió y hay más mujeres que varones”. Pero además, fue directora del Centro de Investigación y Desarrollo de Textiles del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) hasta hace muy poco, aunque sigue vinculada a la entidad como investigadora y profesional consulta.

Patricia Marino

Directora e impulsora en nuestro país del denominado Proyecto SEDA, Patricia Marino se muestra muy entusiasmada por una convocatoria que permitirá a pequeños productores acceder a facilidades e incentivos en una actividad no tan difundida pero importante, como es la cría del gusano de seda para generar nuevas posibilidades comerciales en el ámbito textil.

El Proyecto Seda, una iniciativa generada en 2016 cuando el INTI se presentó al concurso convocado por la Unión Europea a través del Mecanismo Regional para la Cooperación y la Asociación Internacional, fue seleccionado junto a otras ocho iniciativas y recibió fondos por más de 1.600.000 euros para financiar los cuatro años de duración, y será presentado entre el 10 y el 13 de este mes en el evento Emitex, Simatex y Confemaq, que se realizará en el Centro Costa Salguero.

La ingeniera Marino explica que “este proyecto busca contribuir a la reducción de la pobreza en varios países de la región latinoamericana mediante el desarrollo de la sericicultura sustentable” y detalla que “el objetivo es transferir conocimientos y experiencias para alcanzar un crecimiento sostenible y mejorar la calidad de vida de las poblaciones rurales de países de América Latina y el Caribe”.

Patricia Marino

Esto, explica “se daría a partir de la producción y cultivo del gusano de seda, y la optimización e innovación en capacidades técnicas y organizativas de los centros de investigación que serán construidos en Argentina, Cuba, Brasil y México”.

Patricia Marino comenta que “desde 2002 la actividad de cultivo y cría de gusano comenzó a realizarse en un espacio de la Facultad de Agronomía de la UBA”, predio en el que la ingeniera participa coordinando la actividad, en la que colabora también en forma permanente Samanta Dobler, ingeniera agrónoma, y que fue becaria textil en el INTI, sin dudas la entidad fundamental en el aporte hacia esta producción.

Preocupada por la situación actual del INTI, circundada por polémicos despidos, y desregulaciones de actividades y controles industriales, Marino remarca lo importante que es la actividad de la producción de seda en la actualidad, y destaca un punto de inflexión cuando se creó la Red Nacional de la Seda, que se unió a una red latinoamericana, que además “fue alentada por Italia, un país con una gran tradición de siglos en el tema de la seda”.

Casada con un médico, simpatizante de Independiente, con tres hijos y cuatro nietos, Patricia sabe eso de “tal palo tal astilla”, ya que su hijo Francisco Pescio trabaja en el INTA y en Economía Agraria de la UBA, y tuvo participación en el Proyecto Seda.

Una actividad artesanal y familiar

La producción de seda es una tradición china milenaria que se mantuvo en secreto durante varios siglos. Pero con el tiempo, este arte se fue transmitiendo a distintas civilizaciones por medio de espías y mercaderes. Así, cuando llegó a Europa, la actividad se industrializó. Hoy, según detalla Patricia, “China es país líder de producción de seda, y la sigue muy cerca la India”.

El proyecto Seda busca difundir la sericicultura, a través de un conjunto de técnicas para producir capullos, generados por los gusanos, y con ellos, la seda misma como producto textil final.

Durante la realización de las jornadas que se realizarán en Buenos Aires, se mostrarán las distintas etapas de producción del gusano y los productos que se pueden elaborar con el filamento de los capullos, que van desde prendas de vestir hasta joyas, insumos de higiene, medicina y cosmética, como hilo dental y jabones exfoliantes.

Explica que “la producción de seda es una actividad artesanal que permite el trabajo en familia, no precisa de superficies grandes de cultivo, tecnologías específicas o mano de obra calificada. Actualmente en Argentina existen unos 50 productores de seda repartidos entre La Pampa, Misiones, Jujuy y Buenos Aires, y genera ingresos de 60 mil pesos por temporada”.

Los lugares propicios para su desarrollo son las zonas templadas, más favorables para el cultivo de la planta de mora, de la que se alimenta el gusano. A los 45 días de vida, el animal comienza a construir el capullo que finalmente se transformará en fibra de seda.

Un proyecto que llega a muchos

Los grupos receptores de las ayudas propuestas en el Proyecto Seda están compuestos por productores familiares, campesinos, artesanos, organizaciones sociales, emprendimientos sociales protegidos, instituciones educativas de zonas marginales, y emprendedores de sectores populares y marginales en zonas agrarias de Latinoamérica.

Además de los países mencionados, también intervienen en el proyecto Colombia e Italia, aunque el país europeo lo hará como proveedor y organizador, y el proyecto incluye la realización de encuentros regionales, capacitaciones en producción sericícola y agregado de valor textil, la constitución de centros demostrativos, publicaciones especializadas y conformación de redes de cooperación.

Algunas de las instituciones beneficiarias del proyecto son el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI),. el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Universidade Estadual de Maringá, de Brasil, la Estación Experimental Indio Hatuey de Cuba, y el Patronato del Centro Turístico y de Capacitación Sericícola y de Rebocería de Jiquilpán, en México.

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