En Valentín Alsina, ciudad de casas bajas en su mayoría, perteneciente al partido de Lanús, y cuna de ídolos como Sandro, donde el común denominador es la gente de trabajo, la humildad y la lucha del día a día, existe una esquina donde el taller El Quirófano marca su presencia de una forma muy especial.
Y esto es no sólo porque allí se arman y reparan motos, sino también porque su impulsor y propietario, Walter Puy, en alguna oportunidad sintió la necesidad de albergar un espacio donde el arte y el testimonio estuvieran presentes de una forma muy original: esculturas armadas a partir de elementos y desechos de las mismas motos.
Con una historia marcada por el trabajo desde chico, Walter Puy (43), nacido en Villa Diamante, casado con Sandra y padre de Camila y Lucas, relata que “mi vieja me crió sola, con mucho esfuerzo, ya que mi viejo murió cuando tenía tres meses. Luego de mis primeros pasos de aprendizaje en una tornería y en otro taller de motos, a los 16 años me largué solo, con apenas un par de herramientas, en el comedor de mi casa, y así fui abriéndome camino”.
Apasionado incondicional por las motos, Walter destaca que compró la primera a los 15 años. “Era una Gilera usada, la restauré y la armé, y la usé como dos años”. Fue por esa época que se casó, vinieron los hijos, y ubicó su taller en la esquina de Rucci y Chaco, justo al lado de la peluquería que hasta hoy atiende su esposa.
Sobre el singular nombre de su taller, por el que día a día pasan numerosos clientes con sus urgencias mecánicas, comenta con humor que “yo era muy ordenado, acomodaba todo en su lugar, y varios clientes me decían: ‘che, esto parece un quirófano’, y ahí nomás lo bauticé de esa forma”.
Walter cuenta que arrancó con la idea de utilizar todo tipo de elementos sobrantes para armar pequeñas esculturas “en la época de la crisis del 2001, donde no se sabía qué podía pasar. Yo acopiaba repuestos por las dudas, y como había muchos controles policiales, un día le pido al dueño de un carrito que se lleve todo, pero me costaba desprenderme, y empecé a guardar algunas cosas”.
Así, rulemanes, árboles de levas, tuercas, tornillos, engranajes, cadenas. llantas, tubos de auto, pasaron a cobrar vida con otras formas a través de las cuales Walter, siempre preocupado por lo social, quiso transmitir un mensaje.
Detalla que “en este taller tengo unas 60 o 70 esculturas, además de un Cristo en el patio. Me dedico a esto cuando estoy sobrecargado de laburo, es una necesidad mental y espiritual, en vez de ir al psicólogo hago esto”.
Entre las obras que Walter destaca está Monguito, a quien define como “un robot del futuro, con casco, ojos hechos con focos, en una época lo dejé afuera para llamar la atención, le agregué cosas, los chicos del colegio se paraban a mirar, y le puse un sensor, que al acercarse alguien hace sonar una señal o te canta algo.
Admirador del artista plástico Carlos Regazzoni, Walter Puy hizo varias exposiciones en la Casa de Cultura de Lanús, algunas muestras callejeras, en la biblioteca Sarmiento y expuso dos obras en la estación Avellaneda, cerca de donde fueron asesinados Darío Santillán y Maxi Kosteki en 2002.
Autor de obras como “Democracia”, “La mano de Dios”, “SOS Obelisco”, contra la contaminación, o de guitarras para grupos amigos de rock, el sueño de Walter es “tener un atelier para enseñarle a los chicos este arte, y poder sacar la cultura a la calle, y hacer muestras callejeras”.
Una de las premisas de Walter es que sus esculturas en su mayoría son para exhibir, o se donan para distintos fines, como la ayuda a chicos discapacitados mediante rifas. Pero también hubo un par de obras que llegaron a personajes importantes.
En este sentido, Walter había armado una obra que por intermedio de una amiga de su esposa se lo hizo llegar al entonces presidente Néstor Kirchner, junto a una carta de agradecimiento por la mejora de las asignaciones a los jubilados. Lo que nunca pensó Walter era que un día lo llamarían de la misma Casa de Gobierno para invitarlo a ir, y una vez allí, tuvo la posibilidad de hablar con quien ya era la presidenta, Cristina Kirchner. Y como ella le comentó que su marido se había llevado a escultura a su oficina, Walter le hizo a ella una estatua de una mujer aborigen. Por intermedio de otra conocida, también hizo una obra llamada “El pájaro de la muerte”, una alegoría sobre el capitalismo que llegó al comandante Hugo Chávez. Y también existe una obra suya sobre la unidad de los pueblos peruano y argentino en un museo de Arequipa.