Después de haber enviudado, un viejo mecánico de Villa Insuperable buscó en las artesanías realizadas con piezas en desuso removidas de automóviles reparados una válvula de escape a la soledad que lo atormentaba.
Bujías, rulemanes, espirales de suspensión, amortiguadores y cadenas dentadas que ya dejaron de ser partes activas de algún automóvil, son para Víctor Campodanno los materiales esenciales que le permiten dar forma al arte singular, distinto y laborioso que el mismos define como la metamorfosis de la chatarra.

Al menos ese es el nombre con el que Campodanno, de 84 años, le suele dar a las muestras que organiza exhibiendo las obras que realiza ensamblando esos elementos de descarte, en un hobby que inició en paralelo a un momento doloroso de su vida, como caño de escape al dolor y la soledad.

Es que Víctor, un mecánico de los de antes que trabajó en su taller de Villa Insuperable hasta los 72, un día encontró que las piezas en desuso podían transformarse en una suerte de rústicas esculturas que las rescataran de un oxidado futuro chatarrero.

"No soy un artista, en todo caso un artesano que me entretengo con lo que hago" explicó Víctor a HISTORIAS DE VIDA, en su casa ubicada también en Villa Insuperable y a escasos cincuenta metros del taller donde ahora, de vez en cuando, levanta la persiana metálica pero para dedicarse a sus obras con autopartes.

Pero no es la única actividad que Campodanno ejerció como punto de fuga a la amargura que le significó haber enviudado hace ocho años. También buscó mitigar esa pena en textos narrativos en lo que aclara "más que escribir, describo".

La muerte de Elida, su primera esposa, lo golpeó duro y aquellas dos variantes ayudaron a la contención brindada por sus hijas Adriana y Graciela aunque fue la artesanía con chatarras la que más lo atrapó.

Víctor fue mecánico de siempre, para lo cual desoyó las sugerencias de su padre albañil que quería que siguiera sus pasos pero aunque en lo profesional eligió otro camino, los genes mandaron y fue así que la casa que habita y otra que levantó en González Catán, las hizo con sus manos.

Después que salió con diploma del Instituto Argentino de Motores y una formación que ya lo perfilaba como un profesional en el rubro, Campodanno abrió a los 25 años su primer taller en la calle Pola, en Villa Lugano, un año antes de casarse, en el que fue el paso previo a instalarse definitivamente en un local modelo en Villa Insuperable.

Fósiles de un camión

Poco antes que una enfermedad terminal acotara los días de Elida, Víctor encontró hundidas en el barrio de un descampado las ruedas de un carretón de auxilio. Las desenterró y las llevó a su casa donde entre la sugerencia de su esposa para que convirtiera las piezas en una maceta y la idea de hacer algo distinto que regulaba en su cabeza, optó por darle forma a su primera creación: el cañón.

"En total hoy tengo más de treinta y siempre que puedo las expongo" contó Víctor, quien para doblegar definitivamente a la soledad, hace siete años decidió unirse a Teresa, que tiene 78 y que también privilegia el arte, en su caso el recorte y armado de láminas en estilo francés.

Un cocodrilo derivado de piezas de tantos autos reparados custodia tras las rejas la casa que el matrimonio habita y en donde Campodanno sigue pensando en los futuros desafíos impuestos por esa metamorfosis que supo rescatar al viejo mecánico de la soledad.

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