La Iglesia Católica publicó este sábado el Informe de Síntesis aprobado por la XVI Asamblea General del Sínodo sobre la Sinodalidad, el evento eclesial concluyó su primera sesión en el Vaticano.
El documento, de unas cuarenta páginas, se conoce tras cuatro semanas de trabajo, que comenzaron el 4 de octubre en el Aula Pablo VI, y es el resultado de los acuerdos logrados por la asamblea.
La misma asamblea destacó que "tuvo lugar mientras viejas y nuevas guerras asolan el mundo, con el drama absurdo de innumerables víctimas". "El grito de los pobres, de los que se ven obligados a emigrar, de los que sufren la violencia o padecen las consecuencias devastadoras del cambio climático ha resonado entre nosotros, no sólo a través de los medios de comunicación, sino también desde las voces de muchos, implicados personalmente con sus familias y pueblos en estos trágicos acontecimientos", se lee en el prólogo del trabajo.
Como en la Carta al Pueblo de Dios, la asamblea sinodal reafirma "la apertura a la escucha y al acompañamiento de todos, incluidos los que han sufrido abusos y heridas en la Iglesia". En el camino que hay que recorrer "hacia la reconciliación y la justicia", "es necesario abordar las condiciones estructurales que permitieron tales abusos y realizar gestos concretos de penitencia".
La sinodalidad es un primer paso. Un término que los propios participantes en el Sínodo admiten que es "desconocido para muchos miembros del Pueblo de Dios" y "que suscita confusión y preocupación en algunos", entre quienes temen un alejamiento de la tradición, un envilecimiento de la naturaleza jerárquica de la Iglesia, una pérdida de poder o, por el contrario, inmovilismo y falta de coraje para el cambio.
"Sinodal" y "sinodalidad" son, en cambio, términos que "indican un modo de ser Iglesia que articula comunión, misión y participación". Por tanto, una forma de vivir la Iglesia, valorando las diferencias y desarrollando la participación activa de todos. Empezando por los presbíteros y obispos: "Una Iglesia sinodal no puede prescindir de sus voces". "Es necesario comprender las razones de la resistencia a la sinodalidad por parte de algunos de ellos", según consta en el documento difundido hoy.
La sinodalidad va de la mano de la misión, por lo que es necesario que "las comunidades cristianas compartan la fraternidad con hombres y mujeres de otras religiones, convicciones y culturas, evitando, por un lado, el riesgo de la autorreferencialidad y la autopreservación y, por otro, el de la pérdida de identidad". En este nuevo "estilo pastoral", parece importante para muchos hacer "el lenguaje litúrgico más accesible a los fieles y más encarnado en la diversidad de las culturas".
El Informe dedica un amplio espacio a los pobres, que piden a la Iglesia "amor" entendido como "respeto, acogida y reconocimiento" "Para la Iglesia, la opción por los pobres y descartados es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica", reitera el documento, que identifica como pobres también a los migrantes, los indígenas, las víctimas de la violencia, los abusos (especialmente las mujeres), el racismo y la trata, las personas con adicciones, las minorías, los ancianos abandonados, los trabajadores explotados
"Los más vulnerables entre los vulnerables, por los que es necesaria una defensa constante, son los niños en el vientre materno y sus madres", se lee en el texto de la Asamblea, que dice ser "consciente del clamor de los 'nuevos pobres' producido por las guerras y el terrorismo causado también por 'sistemas políticos y económicos corruptos'".
En este sentido, se insta a la Iglesia a comprometerse tanto en la "denuncia pública de las injusticias" perpetradas por individuos, gobiernos, empresas, como en el compromiso activo en la política, asociaciones, sindicatos, movimientos populares (4g). Sin descuidar la acción consolidada de la Iglesia en los campos de la educación, la sanidad y la asistencia social, "sin discriminación ni exclusión de nadie".
La atención se centra en los emigrantes y refugiados, "muchos de los cuales cargan con las heridas del desarraigo, la guerra y la violencia". Ellos "se convierten en una fuente de renovación y enriquecimiento para las comunidades que los acogen y en una oportunidad para establecer un vínculo directo con Iglesias geográficamente distantes".
Frente a actitudes cada vez más hostiles hacia ellos, el Sínodo invita "a practicar una acogida abierta, a acompañarles en la construcción de un nuevo proyecto de vida y a edificar una verdadera comunión intercultural entre los pueblos". En este sentido, es fundamental "el respeto de las tradiciones litúrgicas y de las prácticas religiosas", así como del lenguaje. Por ejemplo, una palabra como "misión", en aquellos contextos en los que "el anuncio del Evangelio ha estado asociado a la colonización e incluso al genocidio", está cargada de "un doloroso legado histórico" y dificulta la comunión. "Evangelizar en estos contextos exige reconocer los errores cometidos, aprender una nueva sensibilidad ante estas cuestiones", afirma el documento.
Se requiere de la Iglesia el mismo compromiso y cuidado "en la educación para una cultura del diálogo y del encuentro, combatiendo el racismo y la xenofobia, especialmente en los programas de formación pastoral". También es urgente "identificar los sistemas que crean o mantienen la injusticia racial dentro de la Iglesia y combatirlos".
En cuanto al ecumenismo, habla de una "renovación espiritual" que requiere "procesos de arrepentimiento" y de "sanación de la memoria"; luego cita la expresión del Papa de un "ecumenismo de la sangre", es decir, "cristianos de distintas filiaciones que juntos dan su vida por la fe en Cristo" y relanza la propuesta de un martirologio ecuménico.
El Informe reitera también que "la colaboración entre todos los cristianos" es un recurso "para sanar la cultura del odio, la división y la guerra que enfrenta a grupos, pueblos y naciones". No olvida la cuestión de los llamados matrimonios mixtos, que son realidades en las que "podemos evangelizarnos mutuamente".