En su mensaje para la Jornada Mundial de los Misioneros, el Papa Francisco animó a compartir "lo que hemos visto y oído". 

“No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído”, es el lema del Papa Franciscopara la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre, difundido en El Vaticano.

En su mensaje difundido este viernes, el Papaexpresó que, cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de compartirlo a los demás.

Francisco aseguró que todo en Cristonos recuerda que el mundo en el que vivimos y su necesidad de redención no le es ajena, y nos convoca también a sentirnos “parte activa de esa misión”.

El Papa recordó que fueron los apóstoles los primeros en dar cuenta de que la historia de la evangelización empieza con “una búsqueda apasionada del Señor que llama y quiere entablar con cada persona, allí donde se encuentra, un diálogo de amistad”. Los primeros discípulos recuerdan el día y la hora en que fueron llamados y esa “experiencia de su presencia activa en nuestro corazón nos impulsa a la misión”.

“Con Jesús hemos visto, oído y palpado que las cosas pueden ser diferentes”, aseguró el Papa y agregó que fue Cristo quien inauguró tiempos nuevos que “suscitan una fe capaz de impulsar iniciativas y forjar comunidades a partir de hombres y mujeres que aprenden a hacerse cargo de la fragilidad propia y la de los demás, promoviendo la fraternidad y la amistad social”.

Las circunstancias difíciles no pueden ser un impedimento

Francisco recordó que los tiempos de los primeros cristianos no fueron fáciles, sino que empezaron su vida de fe en “un ambiente hostil y complicado”. Sin embargo, “lejos de ser una dificultad u obstáculo que los llevara a replegarse o ensimismarse, los impulsó a transformar todos los inconvenientes, contradicciones y dificultades en una oportunidad para la misión”, agregó Francisco.

Su Santidad remarcó que tampoco es fácil el momento actual de nuestra historia, donde la pandemia evidenció el dolor, la soledad y la pobreza que muchos padecían. Sin embargo, animó a no quedarse encerrado en uno mismo: “Ante la tentación de enmascarar y justificar la indiferencia y la apatía en nombre del sano distanciamiento social, urge la misión de la compasión capaz de hacer de la necesaria distancia un lugar de encuentro, de cuidado y de promoción”. Y recordó que todo lo que hemos recibido, Dios no lo “ha regalado para que lo pongamos en juego y se lo regalemos gratuitamente a los demás”.

Francisco terminó su mensaje pidiendo a María “la primera discípula misionera” que haga crecer en todos los bautizados el deseo de ser “sal y luz en nuestras tierras”.

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