El conflicto entre Arabia Saudita y Rusia, los dos principales productores, provocó la mayor baja del valor del oro negro desde la Guerra del Golfo, lo que derivó en el desplome total de las bolsas del mundo

La pandemia del Coronavirusavanza y genera pánico en todo el mundo. Pero no sólo por sus consecuencias sobre la salud, sino también la economía, pues las medidas de prevención que toman los distintos gobiernos, con cuarentenas al por mayor y las cancelaciones de vuelos por doquier, derivarán en un freno contundente, sin precedentes, en la dinámica internacional, algo que se corrobora, por caso, día a día, con las caídas estrepitosas de las bolsas en las principales ciudades del globo.

Por lo pronto, las complicaciones de ese estilo irrumpieron con un conflicto colateral que amenaza con hacer aún más sustancial la debacle financiera. Se trata de la baja desbocada del precio del petróleo, fomentada a partir del choque entre Arabia Saudita y Rusia, los principales productores de crudo, que avivó aún más el fuego en un presente muy convulsionado, y genera interrogantes de cara al futuro.

Ambos países, piezas claves del andamiaje que hace funcionar el status quo del oro negro, entraron en un grado de crispación tal que trasladaron todo el peso de sus estrategias a un ya de por sí nervioso universo económico -con sus inversores desesperados-, que aún está a tientas, sin un panorama claro de qué sucederá cuando pase la tormenta de la enfermedad que pone en vilo al planeta.

La crisis, por lo pronto, se sacudió de la mano del Coronavirus. ¿Por qué? El parate, cada vez más extendido, en los países más industrializados, modificó las reglas de juego e hizo mermar, de forma inimaginable, la demanda de petróleo. Eso, por pauta básica de economía, iba a generar un bajón en el precio de la materia prima, algo que varias naciones productoras observaban con preocupación, especialmente los de Medio Oriente que integran la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Entre ellos, los sauditas son los que manejan la batuta, merced a la mayor reserva en su suelo. Y por eso, manos a la obra, Mohamed Bin Salman, príncipe heredero del reino y quien está a cargo de prácticamente todas las definiciones trascendentales, movió sus fichas y pretendió estabilizar los valores apelando a una menor producción de crudo, aunque para eso necesitaba del aval de otros jugadores de relevancia, entre los que Moscú es vital. Pero no lo consiguió.

La idea consistía en distender la generación de barriles diarios, en cerca de un millón y medio, en el corto plazo. Pero Vladimir Putin, el mandamás ruso, no estuvo de acuerdo, y así se quebró un vínculo que había crecido mucho en los últimos años y que incluso supo evitar, por caso, un colapso en el sistema que se vislumbraba desde 2014.

Las reuniones entre las partes no encontraron soluciones y empezó, así, una incertidumbre que propició la debacle en las cotizaciones bursátiles de todos lados, desde Tokio hasta Wall Street, pasando por casa punto de Europa.

Para colmo, Riad apostó fuerte, rompió la lógica del mercado y utilizó una herramienta que aún hoy genera resquemores. Es que, como no puede obligar a los otros actores a definir cuánto mermar su producción para mantener un precio estable, sacó a relucir su poderío y directamente inundó con su oro negro al mundo. Elevó la producción, dada su reserva inigualable, y eso hizo que bajase el precio a números que no se daban hace tres decadas, desde la Guerra del Golfo. Así, el valor del barril perforó los 30 dólares, una cifra que le permite aún a Arabia Saudita manejar niveles de rentabilidad óptimos, a sabiendas que es muy poco lo que le cuesta producir, pero condiciona al resto de los exponentes de la OPEP y los aliados, lo que certifica una maniobra para golpear, de alguna forma, a Moscú.

Las opciones que barajan los sauditas, en ese sentido, radican en brindar ofertas mayúsculas a zonas del mercado del petróleo donde Rusia hace pie, para desactivar su fortaleza y llevarlo, nuevamente, a la mesa de negociación, dejando en claro quién es el que manda cuando de hidrocarburos se habla. Por eso, especulan con ganar terreno, especialmente, en el centro y el norte de Europa, un espacio donde su ahora contrincante encontraba una clientela con mucho peso específico.

Por lo pronto, Putin cuenta con una reserva presupuestaria de grandes dimensiones, y que lo llevó a ser un actor principal en el actual tablero internacional, por lo que está dispuesto a entrar en el juego de la guerra de precios, más aún sabiendo que, en sintonía, también recibe su golpe certero Estados Unidos, en otro tiempo principal importador de la materia prima pero ahora erigido en mayor exportador de la variante denominada Shale Oil, de la que cuenta con grandes campos a explotar, pero que implica una mucho mayor inversión, ya que es más caro de sacar del suelo que el método convencional. En ese sentido, a EEUU una baja en los precios lo obligaría a modificar sus fórmulas, dado que le resultaría inviable, al no tener las ganancias requeridas, en plena competencia contra una forma de extracción más barata.

Así la situación, con la incertidumbre a cuestas, y sin una fecha estipulada para frenar este conflicto en ciernes, las bolsas se desploman jornada a jornada, más allá de algún rebote, y visualizan un futuro muy complicado, todo mientras el Coronavirus hace estragos en la salud, pero sin dejar atrás sus consecuencias en el plano económico.

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