La peor noticia fue comunicada ayer: falleció el ex presidente sudafricano Nelson Mandela, a los 95 años. Y mientras Sudáfrica en especial y el mundo en general absorben el duro impacto, mientras se preparan los funerales con todos los honores, surge con más fuerza que nunca la imagen de este líder
Es que Mandela encarnó en todo el mundo los valores del perdón y de la reconciliación por haber sacado a su país del régimen racista del apartheid y haber renunciado a la venganza contra la minoría blanca, que lo mantuvo en prisión durante 27 años. "El perdón libera el alma, hace desaparecer el miedo. Por eso el perdón es un arma tan potente" dijo Mandela, premio Nobel de la Paz en 1993, en una frase ahora mítica .
"Madiba", el nombre de su clan con el que lo llamaban (y lo seguirán llamando) afectuosamente sus compatriotas, nunca fue un revolucionario al estilo de Lenin o Gandhi. Cuando era joven le gustaba el deporte -fue boxeador amateur-, los trajes y tenía fama de seductor.
Nelson Mandela había nacido el 18 de julio de 1918 en el pequeño pueblo de Mvezo, en la región de Transkei (sureste) dentro del clan real de los Thembu de la etnia xhosa. Su verdadero nombre, Rolihlahla, que significa "el que trae problemas", se lo dio su padre, pero en la escuela la maestra empezó a llamarle Nelson, el nombre que utilizó desde entonces.
La rebelión del joven Mandela empezó muy pronto , primero cuando fue expulsado de la universidad de Fort Hare (sur) tras un conflicto con la dirección y luego, a los 22 años, cuando huyó de su familia para evitar una boda convenida.
A su llegada a Johannesburgo, una gigantesca metrópolis minera, Mandela toma conciencia de la segregación que dividía a su país. Allí conoció a Walter Sisulu, que se convertiría en un mentor y en su mejor amigo y le abrió las puertas del Congreso Nacional Africano, el partido de la mayoría negra. Su militancia política lo alejó de su primera esposa, Evelyn, pero le hizo conocer a Winnie, una enfermera de 21 años.
Junto a Oliver Tambo y otros jóvenes líderes tomó las riendas del partido para luchar contra el régimen blanco, que había "inventado" en 1948 el concepto de apartheid, el "desarrollo separado de las razas". Tras el relativo fracaso de las campañas de movilización no violenta inspiradas en los métodos de Gandhi, el ANC fue ilegalizado en 1960. Mandela fue detenido en varias ocasiones, pasó a la clandestinidad y decidió orientar el movimiento hacia la lucha armada. Pero en 1964 fue capturado y llevado a la isla-prisión de Robben Island, frente a las costas de Ciudad del Cabo. Durante años, bajo un sol de justicia, en medio de una polvareda que dañó para siempre sus pulmones, tuvo que picar piedra. Aún así nunca pensó en la venganza e intentó, al contrario, entender a sus enemigos, aprendiendo su lengua, el afrikáans, y apreciando a sus poetas. .
"Sabía perfectamente que el opresor tiene que ser liberado, igual que el oprimido. Un hombre que priva a otro hombre de su libertad es prisionero de su odio, está encerrado detrás de los barrotes de sus prejuicios", explica Mandela de sus años de prisión.
Tras 27 años encerrado fue liberado en 1990 y empezó a negociar con un régimen exhausto la organización de elecciones universales y democráticas. Tras su elección triunfal como presidente en 1994 será un predicador incansable de la reconciliación de las razas.
Su actividad política y sus años en prisión nunca le permitieron tener una vida familiar "normal". Pero Nelson Mandela siempre buscó la compañía de las mujeres, como demuestran sus numerosos idilios y sus tres bodas. Con Evelyn, su primera mujer, tuvo dos niñas y dos niños y otras dos hijas con Winnie. En total tiene ahora 17 nietos y 12 bisnietos. Tras divorciarse de Winnie se casó por tercera vez en 1998, a los 80 años, con Graca Machel.
Simbólicamente, la última aparición pública de Mandela fue ante la humanidad entera, cuando saludó a la multitud el día de la final del Mundial de Fútbol en 2010 en Sudáfrica, con millones de espectadores siguiéndole en directo por televisión