El vínculo entre China y Estados Unidos parecía encrudecerse a partir de la asunción de Donald Trump como presidente norteamericano. Este jueves, sin embargo, dieron un paso al frente en la relación diplomática entre ambos países a partir de la respuesta del magnate a la carta de felicitación que le había enviado Xi Jinping por su victoria en las elecciones, según confirmó la Casa Blanca.
Para Pekín el contacto con Trump era fundamental. El nuevo presidente norteamericano había manifestado tanto en campaña como apenas se afincó en su cargo que iba a dejar de importar productos chinos. De hecho, los atacó acusándolos de "robar" empleos estadounidenses, y los amenazó con aplicarles aranceles altísimos.
Pero en la carta, el mandatario estadounidense dijo que esperaba desarrollar “una relación constructiva que beneficie tanto a Estados Unidos como a China”, indicó el portavoz presidencial Sean Spicer en un comunicado el miércoles.
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A diferencia de lo que realizó con una decena de líderes mundiales desde su llegada al poder en marzo del año pasado, no habló por teléfono. Pero para Lu Kang, vocero del ministerio chino de Relaciones Exteriores, la carta fue un gesto positivo: "La cooperación es la única opción correcta para ambos países", indicó.
Más allá de la cuestión económica, hay un problema diplomático entre ambos países. El gobierno chino se enfureció con Trump debido a que aceptó dialogar con Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwan, al ganar las elecciones. Washington, en 1979, había roto relaciones diplomáticas con Taipei reconociendo a Pekín como el gobierno de "una sola china". Trump hizo lo suyo y decidió aceptar el diálogo.
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