
Juan Pablo Guanipa, aliado de María Corina Machado, recuperó la libertad en el marco de un proceso de excarcelaciones impulsado por el Gobierno de Venezuela.
La excarcelación del dirigente opositor Juan Pablo Guanipa, uno de los críticos más duros del chavismo y estrecho colaborador de María Corina Machado, volvió a poner en el centro del debate la situación de los presos políticos en Venezuela.
La liberación se produjo este domingo en Caracas, en el marco de un proceso de excarcelaciones que el Gobierno asegura haber iniciado en diciembre de 2025, aunque sin publicar listados oficiales que permitan verificar el alcance real de las medidas.
Guanipa, exdiputado y figura clave de la oposición venezolana, permanecía detenido bajo acusaciones que sus allegados y organizaciones de derechos humanos calificaron reiteradamente como arbitrarias. Su excarcelación fue confirmada por dirigentes opositores y celebrada en redes sociales como un alivio personal y político, aunque acompañada de cautela por las condiciones en las que se produjo la medida.
Junto con Guanipa, también recuperaron la libertad los activistas Aldo Rosso, Naomi Arnaudez, Albany Colmenares y Nikoll Arteaga, según informaron los partidos opositores Voluntad Popular y Vente Venezuela. La ONG Foro Penal, que lidera la defensa legal de presos políticos en el país, confirmó al menos 11 excarcelaciones durante la jornada del domingo, aunque aclaró que continuaba verificando otros casos.
Las liberaciones forman parte de un proceso anunciado hace un mes por el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, y se dan en un contexto político excepcional, marcado por la detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y por una fuerte presión internacional sobre el régimen venezolano.
Según datos de la mayor coalición opositora, al menos 391 presos políticos fueron excarcelados desde el 8 de enero, mientras que Foro Penal contabiliza 383 en el mismo período. Las diferencias numéricas reflejan, una vez más, la falta de información oficial detallada por parte del Gobierno. En paralelo, la administración chavista sostiene que desde diciembre de 2025 unas 895 personas fueron liberadas con medidas cautelares, aunque no difundió listados públicos que respalden esa cifra.
Pese a las excarcelaciones, Foro Penal estima que todavía hay alrededor de 687 personas detenidas por motivos políticos en Venezuela. El Gobierno, en cambio, niega la existencia de presos políticos y afirma que los detenidos cometieron delitos comunes, una versión rechazada por organismos de derechos humanos, la oposición y distintos actores internacionales.
En este contexto, el líder opositor Edmundo González Urrutia, quien reclama la Presidencia de Venezuela desde el exilio tras asegurar que venció a Maduro en las elecciones de 2024, celebró las excarcelaciones pero advirtió que no implican una solución de fondo.
“La excarcelación de varios presos políticos ocurrida hoy no requirió una ley para producirse. Me alegra que estén fuera de esos calabozos”, expresó en la red social X. Sin embargo, remarcó que estas medidas “no equivalen a libertad plena”, ya que muchas causas judiciales siguen abiertas y los liberados continúan bajo restricciones.
“Seguimos exigiendo la libertad plena e inmediata de todas las personas presas por razones políticas y el cierre definitivo de los procesos arbitrarios”, sostuvo González Urrutia, en alusión a las condiciones que, según denuncian las ONG, mantienen un esquema de control y persecución sobre la dirigencia opositora.
Mientras el Parlamento avanza con un proyecto de ley de amnistía, que aún debe atravesar nuevas instancias de debate, familiares de detenidos, activistas y organizaciones de derechos humanos insisten en que las excarcelaciones parciales no resuelven la crisis estructural del sistema judicial venezolano.
La liberación de Juan Pablo Guanipa, por su peso simbólico y político, volvió a encender expectativas en la oposición, pero también reforzó una advertencia compartida: sin libertad plena, transparencia y cierre definitivo de las causas, las excarcelaciones seguirán siendo vistas como gestos incompletos en medio de una profunda crisis institucional.