En el Mundial de Argentina, el encuentro entre Francia y Hungría, disputado en la sede de Mar del Plata, produjo un episodio insólito. Los dos equipos salieron al campo con las camisetas alternativas (de color blanco), pero con el agravante de que no llevaron al estadio otra indumentaria.

Ante semejante panorama, el árbitro brasileño César Coelho decidió hacer un sorteo y fueron los franceses los que cambiaron su casaca por la albiverde del Kimberley marplatense, que así, sin quererlo, no sólo solucionó lo que había sido un verdadero papelón, sino que también metió su nombre en una curiosa historia de la máxima competencia futbolística. Además, "vestido de Kimberley", Francia se impuso por 3 a 1.


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