Por Karina Muzzupappa
Por Karina Muzzupappa
 La madurez es la etapa en que tanto las flores como los frutos alcanzan su punto de máximo esplendor. De la misma manera, las mujeres en la edad madura tienen experiencia, sabiduría y cierta calma que regalan los años. Lamentablemente vivimos una época en la que los cánones de belleza ponen en el podio a la juventud, como si no existiera belleza en otras instancias. La cultura de lo rápido, la superficialidad y un miedo atroz a lo desconocido, han hecho que muchas mujeres no se sientan a gusto en una etapa de la vida en la que deberían sacar a pasear su hermosura, porque a esa altura saben muy bien cómo hacerlo.
Si observamos a la naturaleza, de la que por cierto somos parte, podríamos ver que la madurez es una etapa de realización, las frutas están listas para ser cosechadas, las flores muestran sus maravillosos colores y formas al abrirse plenamente, esto es siempre así, por lo tanto es un patrón. Pero las mujeres hemos quedado afuera de ese patrón por cuestiones culturales y nos sentimos afuera. Nos hemos resignado y alejado de nuestros ciclos naturales, de ese instinto femenino que por siglos fue sinónimo de sabiduría.
Hoy, en el imaginario colectivo la crueldad mira al paso del tiempo y se ríe. A pesar de haber conseguido socialmente muchos espacios, aunque faltan muchos más, hemos perdido la mirada introspectiva de género. Esa mirada que nos diese la valentía de defender cada una de las etapas en la vida de las mujeres con su belleza comprendida y respetada, sin comparaciones innecesarias.
El proceso llamado menopausia antes se vivía como el pasaje a la vejez, hoy se vivencia como el principio de una nueva etapa en la vida. Las mujeres de hoy ya no se consideran fuera de juego, se sienten más seguras, confían en sí mismas, están plenas. Podríamos decir que bajo el enfoque biológico es el final de la menstruación y se comienza a producir menor cantidad de hormonas (estrógenos y progesterona). Las mujeres en general le temen a la menopausia, esperan los famosos “calores”, ansiedad, altibajos en el estado de ánimo, nerviosismo y cambios corporales, entre otros síntomas. Se quedan ahí, como si la madurez fuese sólo este conjunto de huellas desagradables, esperan lo esperable de brazos cruzados como si todo fuese inexorable. Sí, el cambio en el cuerpo acontece, pero mentalmente una mujer puede vivir esta etapa de otra forma y de esa manera mostrarla en lo exterior.
La belleza en la madurez no significa esconder los años con cirugías, todo lo contrario. Ocultar la edad no es la solución para aceptarse, sentirse bien con el período que toca transitar, disfrutarla y verle su belleza, es momento de asumir nuevas perspectivas. No podemos, por ahora, ver el paso del tiempo reflejado en nuestros cuerpos, pero sí podemos cambiar nuestra forma de ver y sentir, podemos cambiar y dejar de esperar. Sabemos lo que sucede en esta etapa y nos predisponemos a que así suceda. Sin embargo, hay muchas personas que han logrado vivir esta etapa de otra manera. La mente puede ser la que sólo almacene información o la que dé el golpe de timón, y cambie el rumbo. Sí, tal vez se sientan los “calores”, pero con un abanico lindo se refrescarán mejor. Podemos cambiar nuestra experiencia, podemos cambiar la forma de vivenciarla. Sentir que se es parte de un ciclo vital en el que la mujer puede mostrar su sabiduría sin permisos ni concesiones, que puede desplegarse en todo su esplendor.
Ya conoce los secretos de la cocina, del amor y de la vida. Ya algo la golpeó duro y también ya ha llorado de emoción más de una vez. 

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