En el primer tiempo en Pergamino, Defensa generó innumerable situaciones propicias, pero entre definiciones erradas o intervenciones del arquero rojinegro se fue al descanso con las manos vacías.
Luego, en la segunda etapa, el elenco varelense fue menos punzante, pero con el ingreso de Brian Fernández por un flojo Jorge Córdoba (no aprovecha su chance), otra vez terminó dejando una mejor imagen que el dueño de casa.
Esa superioridad inicial del conjunto visitante tampoco se vio recompensada con un par de jugadas claras que debieron ser sancionadas como penal, pero que el árbitro Fernando Rapallini, de mala tarea en la tarde de Pergamino, no cobró.
Al margen de estos matices, el diagnóstico por esos días parece claro: no concreta lo que genera. De todas formas, Defensa ya no comete tantos errores en la última línea y eso brinda confianza para que los mediocampistas pasen al ataque, convirtiéndose en alternativas ofensivas. Ahora, en los 20 metros finales, falta tranquilidad, suerte o sólo puntería.