Los dirigentes del Villero hicieron la denuncia en el COPROSEDE y esperan una definición. “Fue un verdadero caos”, señalaron y agregaron que los jugadores, muy mal anímicamente, no estaban en condiciones de jugar.
Locura. Irracional. Barbaridad. Todos adjetivos utilizados desde mucho tiempo atrás cada vez que los violentos hacen su aparición. El sábado pasado volvieron a sacudir a la razón. Esta vez, el plantel del Deportivo Laferrere lo sufrió cuando fue agredido por un grupo de forajidos disfrazados con la camiseta de Sacachispas. El partido, correspondiente a la 26ª fecha de la Primera C, fue suspendido y la dirigencia del Villero espera la decisión de la AFA en cuanto a la reprogramación del encuentro, mientras que, además, recolectó una serie de pruebas para presentar la denuncia en la fiscalía. “Hemos hecho la denuncia en el Comité Provincial de Seguridad Deportiva (COPROSEDE), a cargo de Rubén Pérez, y al ente de seguridad de la Ciudad de Buenos Aires. A ambos les acercamos los informes de lo sucedido en la cancha de Sacachispas”, le dijo el presidente de Laferrere, Carlos Espósito, a este suplemento. “Ahora presentaremos todo el material en una fiscalía de capital, pero esperamos la decisión de la AFA para reprogramar el partido, que saldría la semana que viene”, agregó el dirigente. Los hechos sucedieron el sábado pasado cuando el plantel de Laferrere llegó al predio de Sacachispas. En el camino a los vestuarios, la delegación del Verde matancero fue agredido por un grupo de 40 personas. Primero, fue verbal, pero luego comenzaron a volar piedras y hasta algunos jugadores aseguraron que varios de los agresores portaban armas de fuego. El titular del departamento de fútbol, Nino Iaquinta fue alcanzado por un cascotazo y otros jugadores con magullones. Ante ello, la dirigencia de Laferrere se negó a jugar, ya que el estado de shock del plantel impedía que jugaran como si nada hubiera pasado. “No había policías, sólo tres agentes en la puerta. Fue un verdadero caos, fue una situación horrible y estaba claro que no estaba en condiciones de jugar”, aseguró Espósito, quien defendió la postura del club. “Había apenas un alambrado que separa la zona de vestuarios de la cancha auxiliar. Allí había 40 o 50 tipos que no paraban de insultarnos, que luego intentaron derribar el alambrado. Tomaron fierros, rompieron la pared y con esos cascotes empezaron a agredirnos a 3 metros de distancia. De hecho, a Nino (Iaquinta) le pegaron un cascotazo en el pecho camino al vestuario. ¡Una locura!”.