Los nutrientes básicos para los perros son grasas y carbohidratos, proteínas, minerales y vitaminas. Como todo mamífero, es importante el primer contacto con la leche materna. A medida que crece, su dieta debe ser más concentrada en nutrientes. A medida que el animal comienza a crecer, sus necesidades nutricionales van disminuyendo en igual medida que la cantidad del alimento.
Los nutrientes que debe contener la alimentación para los perros básicamente son grasas y carbohidratos, proteínas, minerales y vitaminas. Cada uno aporta algo distinto para mantener en buen estado de salud a las mascotas.
Las grasas y carbohidratos son los encargados de aportarles energía y calorías para su trabajo muscular. Los carbohidratos contienen principalmente el almidón que se encuentra en los cereales, pero para que éste pueda ser digerido y aprovechado por el organismo, debe consumirlo cocido. Las grasas pueden ser de origen animal o vegetal. La función principal de las proteínas es el aporte de aminoácidos esenciales para que el perro pueda construir las células de los músculos y de los órganos. Este es un factor de gran importancia, especialmente durante la etapa de crecimiento, y para que el perro cuente con las condiciones necesarias para ser fuerte. Las proteínas están presentes en la carne, la leche, el pescado, el queso, el huevo y las leguminosas. Los minerales son necesarios para la constitución de los tejidos del cuerpo y el esqueleto, especialmente si todavía es un cachorro. Estos se encuentran en la harina de hueso, la leche, el queso, el pescado y los vegetales. Algunos de los minerales que necesitan los perros son calcio, fósforo, sodio, cloro, potasio, hierro, cobre y magnesio, entre otros.
Las vitaminas son esenciales para el crecimiento de los cachorros y para el bienestar general del perro independientemente de su edad, porque refuerzan un sinnúmero de procesos biológicos, como por ejemplo, la fijación de calcio por efecto de la vitamina D. Se encuentran en el hígado, los aceites vegetales y animales, los gérmenes, la leche y el huevo.
Para que un cachorro esté bien alimentado, es muy importante que apenas nazca, mame inmediatamente el calostro de su mamá, porque le aportará las defensas y los nutrientes que va a necesitar durante las primeras semanas de su vida. Por eso es aconsejable destetarlos después de los dos meses de vida.
Si lamentablemente la mamá muere o, por alguna razón, deja de producir leche, el cachorro se sentirá estresado y quedará propenso a perder peso y a enfermarse. En este caso va a necesitar mucho cariño y paciencia, y alguna solución para terminar su etapa de lactación. Siempre conviene contar con el consejo de un médico veterinario, quien seguramente recomendará entre algunas de las opciones la leche de perra en polvo o, un preparado casero con un vaso de leche de vaca deslactosada, una yema de huevo y una cucharada de miel de abeja. Habrá que dársela con una mamadera o enseñarle a que la beba de un plato. Después del mes y medio de edad se puede comenzar a sustituir paulatinamente el preparado o la leche de perra en polvo por alimento para cachorros.
Como todos los cachorros, crecerá rápidamente durante las primeras semanas de vida. Duplicará su peso en poco tiempo; por eso su dieta debe ser más concentrada en nutrientes. Durante las primeras semanas después del destete hay que ser muy cuidadoso con lo que le da de comer y alimentarlo, por lo menos cuatro veces al día.
Lo ideal es el alimento para cachorros, porque tiene la concentración adecuada de nutrientes. A medida que el animal comienza a crecer, sus necesidades nutricionales van disminuyendo en igual medida que la cantidad de alimento, por lo que será conveniente reducir gradualmente las veces que se le da de comer, hasta llegar a dos o incluso una sola vez al día, a partir de los seis meses de edad.
TIPS -Para evitar la pelea entre perros es conveniente no tirar de su correa, porque de esa forma se aumenta la agresividad del perro. Hay que tratar que el animal desvíe la cabeza hacia otro sitio. -10 por ciento de las serpientes son venenosas. El temor que se les tiene es infundado y originado, principalmente, por la falta de conocimientos necesarios para diferenciar las peligrosas de las que no lo son.
No mucha comida -Hay que tener cuidado en no darle demasiado alimento, ya que podría ponerse obeso. Un consejo: retirarle el plato de comida 15 minutos después de habérselo ofrecido.
¿Disminuir calidad? -Al iniciar su crecimiento, el perro empezará a comer menos, lo que no quiere decir que disminuya la calidad de su dieta. Es básico que haga ejercicio para un mejor desarrollo.
Los alimentos que conviene descartar de su dieta diaria Hay alimentos que conviene descartar, porque no son recomendables para el perro, e incluso hasta pueden llegar a ser peligrosos. Hay que tener en cuenta que la alimentación del perro es fundamental para su salud. No hay que darle alimentos irritantes como grasa, comida chatarra o dulces.
Olvidarse de las sobras. Los desperdicios de comida no son adecuados para una mascota, ya que no es un procesador de basura. Nunca hay que darles huesos de pollo, porque se astillan y entierran en cualquier parte de su tracto gastrointestinal, provocando serios daños; además, no son totalmente digeribles y le pueden causar estreñimiento o diarrea.
No hay que darles demasiados productos lácteos a los perros adultos porque los engordan y, si desarrolla intolerancia a la lactosa, le pueden producir diarrea y vómito.
Tampoco los huevos crudos son convenientes, porque la clara contiene avidina, un factor que impide la absorción de la vitamina B1. Se les puede dar la yema cruda o el huevo cocido completo una vez a la semana.
No deben comer cebollas ni ajos. La cebolla tiene toxinas que destruyen los glóbulos rojos, y causan anemias severas e inclusive la muerte si no es atendido a tiempo. El ajo les produce hipertensión arterial.
La papa sólo puede comerla cocida, porque de lo contrario podrá intoxicarse a causa de la solanina que contiene y que es nociva para los perros. El chocolate contiene teobromina y cafeína, sustancias tóxicas presentes en los chocolates con leche y los chocolates comunes, excepto en el chocolate blanco.