No siempre las marcas pueden implementarse en las casacas como sus directivos quieren. En ocasiones, las mismas también deben adaptarse al medio.
Desde que en 1977 el Eintracht Braunschweig de Paul Breitner le estampó una publicidad en la camiseta (fue la de bebida espirituosa Jagermeister, y es la primera publicidad en el pecho que vi desde que tengo uso de razón marketinera), el hincha mira de reojo cuán manchada está su camiseta.
En la Argentina, la fiebre patrocinadora empezó en 1978: Estudiantes de Buenos Aires jugó en primera con la publicidad de la por entonces Caja Cooperativa de Caseros, tal como lo demuestran las figuritas redondas de la época. Argentinos Juniors puso el logo de Austral en 1979/80; en el ‘82 recaló Mu-Mu en San Lorenzo y es recordado Vinos Maravilla en la azul y oro allá por 1983.
Hoy, ciertos clubes ya imponen condiciones a la hora de “mancharlas”. Barcelona “obliga” a los sponsors a adaptar la publicidad a sus colores (se puede apreciar que números y ‘parches’ siempre están en amarillo) y el Real Madrid no permite que se use otro color que el negro y el violáceo si usa la merengue, o el blanco a secas en la oscura casaca alternativa.
Ejemplo: el actual patrocinador del pecho del Madrid, Bwin, aceptó pintar de negro el punto amarillo de la “i”. Lo curioso es que esa cláusula en el contrato la “importó” a nuestro país el por entonces gerente de marketing de Platense, para aplicarla en la temporada 2010. Así, el “buzo antiflama” del equipo calamar no era un cocoliche como la mayoría de las camisetas de los clubes mexicanos, que lo hacen por una cuestión cultural, o como muchos de los que disputan los torneos argentino, que lo hacen por necesidad.
Ponerse firme en la idea de mantener su color corporativo tiene sus riesgos. LG mantuvo su círculo rojo en el pecho de Boca, y llovieron las críticas de los fans. BBVA tomó nota de ello y, al desembarcar en River, “tiñeron” de negro las letras azules que indica su manual de marca.
En Racing, Banco Hipotecario accedió a mimetizar su búho de negro en la titular celeste y blanca, pero su tradicional color, el naranja, brilla por su presencia en la casaca alternativa de la Academia.
Lo auspicioso es que no solo en el fútbol sucede esto. CUBA y Newman son los dos clubes de primera división que, voluntariamente (no por mala gestión comercial) mantienen “limpia” de patrocinadores su “segunda piel”, como lo hicieron durante décadas el Barcelona y el Bilbao Athletic que hoy, respectivamente, lucen en el pecho a Qatar Foundation y Petronor. CUBA banca el rugby con la plata de sus socios, y los del colegio hicieron una movida original: sus socios aceptaron la estática de Medicus, Gatorade, Citi y Weber Saint Gobain, siempre y cuando respetaran los colores del club, el bordó y naranja.
Ahora le llegó el turno al polo, donde La Dolfina de Adolfito Cambiaso logró persuadir a Hope Funds, Imperial, Audi y Aeropuertos Argentina 2000, que la camiseta del último campeón de Palermo debía respetar los colores azul y blanco.
El Diego nos regaló la frase “la pelota no se mancha”. Las comisiones directivas de los clubes hacen malabares para que esa frase no se aplique, como un parche, en su propia camiseta.