Tras observar que se
habían publicado alrededor de 1200 libros sobre adicción sexual y que este
desorden no es aceptado como una enfermedad dentro de la asociación que nuclea a los psicólogos norteamericanos,
Grubbs se decidió a encarar el informe.
La encuesta que llevó a cabo
involucró a 331 casos, 97 de ellos estudiantes universitarios y el resto contactados a través de Internet, siempre que todos y cada uno de ellos
hubieran visto pornografía por lo menos una vez en los últimos seis meses. De los encuestados, la mayoría eran católicos o cristianos, heterosexuales y de raza blanca, mientras que un 32 por ciento del grupo no eran practicantes de religión alguna.
Grubbs y su equipo especulan con que los sentimientos de adicción pueden ser vistos como la "
interpretación patológica del individuo religioso de una conducta considerada una transgresión o una profanación de la pureza sexual". Estos descubrimientos podrían ayudar a los terapeutas a entender que la percepción de la adicción podría tener más que ver con las creencias religiosas que con los hábitos de mirar pornografía.
Otro de los datos que confirman esta teoría proviene de la editora
Homegrown Video que se dedica al material pornográfico. Según autoridades de esa editora, la mayor cantidad de parejas que
envían sus filmaciones para conseguir trabajo, provienen de lo que los norteamericanos llaman el
"cinturón bíblico", es decir, estados donde
predominan el factor religioso como Florida, Texas, Carolina del Norte, Giorgia, Louisiana y Kentucky.
"Con esta investigación, podemos ayudar a la persona a entender lo que está impulsando esta percepción, y ayudar a los individuos mejor disfrutar de su fe", explicó Grubbs.