La frase es producto de una serie de cambios y derivaciones que comienzan cuando en España se llamó “turca” a la borrachera. La razón es algo graciosa. Resulta que al vino puro, sin añadido de agua, se lo denominaba vino moro o vino turco, por no estar “bautizado”. A raíz de esto las populares mamúas (borracheras) tomaron el nombre de turcas. Por eso la expresión inicial fue “Agarrarse una turca”. Luego la frase sufrió modificaciones y probablemente por la influencia de Kurdistán, una región de Turquía, el ingenio popular transformó turca en curda. De allí nacieron expresiones como “estar en curda” o “ser un curda”; o bien un “curdela” o “encurdelarse”, palabras que pertenecen al lunfardo y forman parte de los aportes populares porteños. De esta manera, se redujo el uso de palabras más cultas y algo más disimuladas como ebrio, beodo o alcoholizado.