La historia de la mayoría de los juegos es apasionante y vale la pena reparar en ella. Es el caso del juego de dardos, que primitivamente se llamaba Soplido y Dardo, y alrededor del cual se cuenta más de una anécdota divertida. Se dice que en el año 1844, en la ciudad de Londres, un hombre cometió un error fatal mientras jugaba al Soplido y Dardo. Fue cuando en lugar de soplar, aspiró, originando que el dardo ingresara a su aparato digestivo, causándole la muerte. Alrededor del siglo XIX el juego de dardos se fue popularizando progresivamente. Pero fue recién hacia 1904 que tomó la forma que se le conoce actualmente, pasando a llamarse Dardo y Blanco, haciéndose habitual en los bares y tabernas de Inglaterra. Al principio se practicaba sobre un tablero con círculos pintados y con el número correspondiente. La puntuación máxima estaba en el centro y la mínima en los bordes del mismo. En 1925 comenzaron a organizarse las primeras ligas y campeonatos de Dardo y Blanco. Poco a poco este entretenimiento que requiere astucia y, especialmente, puntería, fue difundiéndose entre las clases sociales más altas y hasta los propios reyes de Inglaterra se hicieron presentes en una taberna para demostrar sus habilidades.
También entre mujeres
Hacia el año 40 los dardos se hicieron realmente populares también entre las mujeres, de manera especial desde que la reina demostrara interesarse por ellos. Los dardos reemplazaron, entonces, a la mayoría de los juegos de salón. Se jugaban campeonatos y se apostaba a favor del probable ganador. Pero promediando la Segunda Guerra Mundial fue prohibida su práctica en los bares y tabernas públicos. A lo largo de los años el diseño de los tableros fue variando. Cada uno de los formatos fue tomando el nombre del lugar de origen. Es así como existía el tablero de Londres, el de Lancaster o el de Manchester. Muchos diseñadores hicieron un buen dinero presentando diversas variantes a los jugadores. La competencia por obtener el mejor formato fue, durante años, feroz. El origen del sistema de numeración del tablero que se utiliza en nuestros días -aunque es cierto que el juego de dardos fue perdiendo popularidad con los años- es un misterio, aún para sus propios cultores. Se supone que fue inventado en algún momento del siglo XIX en el Norte de Inglaterra.

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