“No hay tu tía” Este dicho que actualmente utilizamos con frecuencia, y que nada tiene que ver con las tías, tiene su origen durante la Edad Media, en España. En esa época, con el hollín que resultaba de la fundición y la purificación del cobre, se elaboraba una especie de ungüento al que se le atribuían excepcionales virtudes curativas, sobre todo para determinadas enfermedades oculares. El ungüento, en distintas zonas era llamado tutía, atutía o simplemente atutia sin acento. Aparece mencionado en citas de los publicistas de la época y fue tal el prestigio adquirido por el medicamento que el ingenio popular comenzó a utilizar la frase “no hay tutia” para dar a entender que algo es imposible y sin remedio, aunque en muchas oportunidades se lo utiliza como negación ante cualquier reclamo.