Esta expresión, que seguramente la escuchamos alguna vez como advertencia de silencio, antiguamente era habitual emplearla sobre todo ante la presencia de niños si se producía una conversación entre mayores. También era habitual su mención en las reuniones de señoras, cuando hablaban de hombres; o entre jefes, cuando hablaban sobre algún empleado. Curiosamente, y aunque muchos crean que la frase pertenece al lunfardo o al lenguaje porteño, su origen pertenece al argot carcelario, y comenzó a ser utilizada por los reclusos en sus conversaciones, sobre todo cuando advertían la presencia de algún guardia o funcionario de la prisión. Cuando decían “hay ropa tendida”, automáticamente cambiaban el tema de la conversación.