Winston Churchill fue el primer ministro británico que llevó a Inglaterra a la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Se dice que era un hombre que asombraba por sus corazonadas. En el curso de una cena con invitados en la residencia oficial, Churchill se levantó y ordenó a todo el personal de la cocina que se retirase de la misma y fuera al refugio antiaéreo, mientras él regresaba con sus invitados. Tres minutos después, una bomba destruyó toda la cocina. En otra ocasión desistió de asistir a una demostración aérea y su corazonada no falló: un piloto -por error- abrió fuego sobre la tribuna en la que él debía estar y causó la muerte de 20 personas y 67 heridos. Otra de sus corazonadas ocurrió un día que subió a su auto oficial por la puerta izquierda -siempre lo hacia por la derecha- y poco después una granada voló esa parte del auto, quedando él a salvo por estar ocupando el otro lado.