Los romanos se caracterizaron por ser un pueblo amante del juego -en especial los dados a los que llamaban “tesserae”-, por lo que solían apostar grandes sumas de dinero. Sin embargo sólo se permitía jugar a los varones. Los romanos consideraban que las mujeres no estaban capacitadas para estos menesteres. En Grecia sólo se jugaba a los dados de manera clandestina, en tabernas y garitos. A pesar de ello, algunos emperadores famosos, como Cómodo, eran aficionados a ellos y jugaban solamente por dinero. Cómodo llegó a convertir el palacio en un garito para recaudar dinero del Imperio que él mismo, con su práctica, había llevado a la quiebra.