Los mapuches practicaban un juego llamado palín, que se asemejaba al actual hockey. Para jugarlo se elegía un lugar despejado y plano, de aproximadamente 100 metros de largo por 50 o 60 de ancho. Los jugadores, adornados con pinturas especiales, se repartían en dos equipos de 10 a 12 hombres cada uno. En los extremos de la cancha se marcaban las metas, amontonando para tal propósito ramas y gajos de arbustos. En el centro del campo se cavaba un hoyo, en el que se introducía una pelota de cuero sobado, rellena con bosta y paja. Cada jugador se proveía de un palo, arqueado en uno de sus extremos. El juego comenzaba cuando dos jugadores, cruzando sus palos, lograban sacar la pelota del hoyo y la lanzaban al campo y consistía en llevarla, impulsándola con los palos, hasta la meta del equipo contrario, para marcar con ello un tanto. El palín había obtenido gran difusión entre las tribus meridionales y era motivo de afanes semejantes a los que despierta el fútbol en la actualidad. Rara vez concluía esta diversión sin que hubiera piernas y brazos rotos y aun cabezas descalabradas. Sin olvidar los latigazos que distribuían los jueces de campo, desde lo alto de sus caballos, a los combatientes fatigados, para que cobraran fuerza y vigor.