Napoleón Bonaparte fue, históricamente, uno de los cabuleros más empedernidos. A tal punto que cambió la fecha del golpe para derribar al Directorio porque alguien le dijo que el 17, día elegido para tal fin, representaba la desgracia. Además, Napoleón siempre consultaba a la adivina Madame Normand para que le interpretara sus sueños, ya que estaba seguro de que éstos le predecían el futuro, sobre todo antes de emprender alguna campaña. En numerosas oportunidades Napoleón confesó que las estrellas controlaban sus actos y que las grandes victorias las lograba gracias a su “buena estrella”. Además, le atribuía especial importancia a pequeños incidentes como presagios, por ejemplo la caída de un caballo, indicaba contratiempos militares, o cruzarse con un gato negro, para él, era un signo desafortunado. Según cuenta la historia, Bonaparte soñó con un gato negro antes de sufrir una aplastante derrota en la batalla de Waterloo.