La visitamos hace dos años y sólo se podía hacer pesca de costa, o a lo sumo al vadeo. Hoy felizmente nos reencontramos con laguna de Melincué, en el Sur santafesino, y el panorama es bien distinto: hay un camping y pesquero municipal habilitado, con bajada de lanchas, trackers operando y venta de carnada en el lugar.
Todo esto le ha dado nueva vida a esta laguna de estratégica ubicación, que convoca a pescadores del Norte bonaerense, el Sur santafesino y hasta de Córdoba en busca de sus lindas flechas de plata.
La posibilidad de navegarla nos permite recorrerla y buscar el pique. Los guías, claro, marcan diferencias pues conocen el ámbito y sus motores y lanchas marcan claras diferencias con los botecitos propulsados por motores de bajo caballaje.
Lo cierto es que en nuestro relevamiento, guiados por Diego Soler -quien alquila trackers y botes y ofrece salidas guiadas-, pescamos con continuidad desde que arrancamos la jornada hasta que le pusimos fin, no sin antes practicar una modalidad de pesca que nos encanta: al vadeo.
Pero vamos por partes. A Melincué se llega desde Capital sorteando unos 350 km, por Ruta 8 y luego la 93 (rumbo a Firmat) y la 90 (hacia Elortondo). Una vez en el pesquero embarcamos con Soler hacia el centro del espejo donde iniciamos los garetes. Pescando con líneas de tres boyas simples logramos muchas piezas de 25 a 33 cm, en brazoladas de 25 a 40 cm.
Pudimos garetear de lo lindo gracias a una suave brisa. Al mediodía, tras un asado con el que fuimos convidados y una horita de reposo para reponer fuerzas del viaje, emprendimos la pesca vespertina yendo a la zona de los bañados a practicar pesca al vadeo. Se trata de una parte baja, en la orilla de enfrente al embarcadero, plagada de flamencos andinos (que hibernan en la zona procedentes del norte argentino).
Estas aves le dan un encanto particular al espejo con sus enormes bandadas que tachonan de rosa las costas y son todo un espectáculo cuando levantan vuelo en esta zona, dijimos, nos calzamos waders y nos tiramos al agua, ayudándonos con unos posacañas para tener las cañas a 45 grados. En mi caso tiré una a fondo.
Mis compañeros Ricardo Paulucci y Roberto Gil alternaron ambas modalidades, teniendo tanta suerte a fondo como a flote. Desde la lancha, en tanto, Diego soler y su compañero seguían clavando flechas a flote y a pie seco.
Fue una jornada muy divertida en donde los grandes pejes que suele dar Melincué y que pasan el kilo, brillaron por su ausencia. Pero cada pescador pudo volverse con la cuota hecha, y muy satisfechos de haber vivido una jornada con múltiples variantes.
Esa es nuestra tarea, visitar un lugar y contarles de qué manera pueden divertirse para que el pescador vaya y elija la de su agrado.
Y para quienes no deseen gastar un centavo en entradas a predios, alquiler de botes o guías de pesca, hay opciones de pesca orillera en el camino de acceso al viejo Hotel Melincué, una ruina de edificación totalmente corrompida por una inundación que dejó un caserón de aspecto fantasmagórico en el medio del espejo, pero también un camino de acceso que hace las veces de gran muelle para que los pescadores puedan estar con el auto al lado. Aquí los lances se harán de fondo y la pesca es a la espera. No será de lo más divertido pero muchas veces cuando el viento arrima los cardúmenes a éste sector, mas de uno se fue con una interesante cosecha y algún matungo. Vaya y disfrute.