En general, las mujeres de más de 50 años, que son divorciadas y con hijos grandes, no quieren reiterar su experiencia de convivencia. “En muchos casos sucede de esa manera -señala Lekerma- “cuando se van los hijos del hogar para vivir solos o para casarse, la mujer ya no tiene obligaciones y lo que desea es poder disfrutar de lo que nunca pudo. Es en ese momento que puede suceder que conozca a alguien y forme una nueva pareja, pero sin repetir los mismos errores de su matrimonio conviviendo nuevamente”.
También hay mujeres más jóvenes, de 25 o 30 años que deciden vivir solas esperando encontrar al hombre que “le de vuelta la cabeza” y acepte la no convivencia. Pero no es fácil. Hay que saber sostener la pasión cuando se vive de esa manera y compartir el amor a pesar de los errores de cada uno.
Hay que hacer una apertura interna para saber ciertamente que es lo que se desea. “Lo que ocurre es que estas mujeres no se dan cuenta que los conflictos que se puede tener con la pareja, pueden suceder tanto con ‘cama adentro’ como con ‘cama afuera’. Por supuesto que esto último es menos comprometido, porque se logra proteger de otra manera” afirma la psicóloga.
La mujer, esta comprobado, sabe vivir en soledad, en cambio el hombre no lo soporta por mucho tiempo. Actualmente la mujer que trabaja y vive sola tiene muchas obligaciones económicas y sin embargo va al frente.
Al hacerlo sin un hombre al lado se siente más fuerte, más independiente, aun que eso no significa que no necesite de su compañía. Lo que ocurre es que por años la mujer ha sido desvalorizada socialmente, que ahora necesita que se le reconozcan sus logros, su individualidad, sin tener la necesidad de convivir con un hombre.
Antes, para la mayoría del género femenino el matrimonio era una meta imprescindible, hoy, el criterio cambió, el casamiento es una decisión de vida y no una imposición cultural.