A raíz de los registros sedimentarios encontrados en la formación geológica de Chinle, en el norte de Nuevo México (EEUU), revelaron que existieron en esas zonas fuertes fluctuaciones entre condiciones áridas y húmedas, con bruscos cambios en la flora. Además, los restos fósiles de carbón vegetal sugieren que hubo frecuentes incendios.
Estos factores ambientales, unidos a la presencia de altos niveles de C02 en la atmósfera, pueden haber sido la causa de que los dinosaurios no se extendieran en las zonas tropicales del planeta.