A partir de los elementos surgidos de la autopsia, la principal hipótesis apunta a que la víctima Marisa Sotelo fue golpeada y cuando se encontraba inconsciente le colocaron la bolsa de nylon en la cabeza y la arrojaron al pozo, donde finalmente murió por sofocación. Asimismo, las sospechas sobre el compañero de trabajo de la víctima surgieron a partir de los datos aportados por un remisero que declaró que él había llevado el día del crimen a un empleado de la fábrica a la terminal de micros del barrio porteño de Retiro y que esa persona tenía rasguños en la cara. Este testigo también dijo que el pasajero le había contado que se iba a Paraguay porque había fallecido un familiar suyo. “Se había determinado que el micro al que el sospechoso había ascendido iba a hacer una escala en la ciudad entrerriana de Concordia a las 21,30. Con la orden del fiscal Marcelo Tavolaro, se solicitó la colaboración de la policía de Concordia y se logró la detención de Ever González”, dijo el comisario Fabio Perrone, de la Distrital Morón. Al momento de ser apresado, el joven presentaba rasguños en el rostro, brazos y manos que se creen pudieron haber sido realizados por la víctima en su intento de defensa. Perrone confirmó que Sotelo y el detenido mantenían una relación de amistad, mientras que otros voceros explicaron que no había testimonios que los vincularan sentimentalmente. Las fuentes judiciales indicaron que, además del remisero, también complicó a González su concubina, con quien el sospechoso tuvo un bebé hace dos meses. Según las mismas fuentes, esta mujer dijo que González volvió a su casa lastimado, apurado y le pidió dinero porque debía viajar a Paraguay de urgencia porque había fallecido su madrina de crianza, razón por la que fue hasta un cajero automático y retiró efectivo.