El Radio Club de San Martín es una institución que viene trabajando desde hace décadas. Comenzó conectando comunidades de todo el país, pero al mismo tiempo desarrolló un enorme potencial de actividades sociales. Actualmente, en el edificio que los alberga se dictan clases de periodismo, primeros auxilios, cursos de oficios y también una ejemplar movilización para ayudar a comunidades originarias. “Es un orgullo formar parte del club de radioaficionados. Logramos un montón de objetivos en estos años, y aún soñamos con muchos más. Contamos con el apoyo de las autoridades municipales y de la comunidad de San Martín. Siempre hay un desafío nuevo, y lo encaramos de la mejor manera”, dijo a este medio Nilda Camaño, la presidenta de la institución. Para comprender la importancia del club, Camaño contó que “en el terremoto que sufrieron los hermanos chilenos meses atrás, fuimos un enlace importantísimo para organizar recursos y enviarlos a las zonas del desastre, dado que se habían perdido las comunicaciones y quedaron sólo los radio operadores, que mantenían el contacto con nosotros y las autoridades, fue increíble”. La historia del Radio Club se remonta, en rigor, al año 1901, donde en el lugar (Ricardo Balbín 2588 y avenida Juan Domingo Perón) funcionó la primera bomba de agua de la zona. “El edificio se construyó sobre ese lugar histórico. Para nosotros es un orgullo, y lo preservamos. Este es un espacio que significa mucho para todos los que habitamos San Martín, por eso la importancia de protegerlo y trabajar para que se siga desarrollando”, dijo Camaño. “A lo largo de los años, fuimos ganando amigos en todos lados, del país y el exterior. Recibimos premios y menciones. Pero lo más importante es el reconocimiento por nuestra labor solidaria. Se viene desarrollando una intensa campaña para ayudar a las comunidades aborígenes”, contó la mujer. En ese sentido, Camaño expresó que “se hicieron muchos viajes, con camiones cargados de mercadería, vestimenta, herramientas y muchas otras cosas, que los hermanos de los pueblos originarios necesitaban, y no hay nada mejor que llevar adelante estas actividades, en las que se involucran todas las fuerzas de la comunidad, desde los comerciantes, hasta las sociedades de fomento, pasando por las escuelas y muchos vecinos”. “Es impresionante conocer las realidades de, por ejemplo, los tobas o wichis, y servir de puente para aquellos que les puede brindar una mejor calidad de vida. Y muy emocionante todo aquellos que surge desde la gente para colaborar”, explicó la titular del club.
Cuna de oportunidades
“Para muchos jóvenes, el predio significa bastante más que un club donde se reúnen los radio aficionados, porque vienen a formar parte de cursos de periodismo, y también talleres de manualidades, reparación de celulares y computadoras, clases de oficios para salidas laborales rápidas, y mucho más”, contó Camaño. “El gobierno de la provincia de Buenos Aires nos eligió como sede para brindar charlas sobre cuestiones relacionadas a la trata de mujeres para la esclavitud sexual y la violencia de género”, agregó. En el plano de la seguridad, Camaño indicó que “cumplimos una función importante para acercar al vecino, brindando apoyo en todas aquellas iniciativas tendientes a desarrollar métodos preventivos, al igual que estamos en contacto con las autoridades policiales para que puedan tener mejores herramientas”. “Muchas veces, las personas se acercan al club porque tienen algún problema relacionado con la inseguridad. Y somos nosotros los que acercamos esas inquietudes a los jefes policiales. Así de importante es una institución como el club. Por eso el compromiso de todos para que siga funcionando y creciendo”, culminó Camaño.

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