El drop del apertura en el último segundo le dio el sexto título en el Nacional de Clubes a Hindú y desató una euforia incontenible. Tito fue el último gran héroe de un equipo implacable. El 27-25 a Newman será inolvidable.
La bocina anunciando el cumplimiento del tiempo reglamentario ya había sonado. Hindú, que estaba uno abajo, tenía la pelota e intentaba el milagro. La gloria, la hazaña, estaban a pocos metros. Pero Newman defendía sin fisuras. 

No había que perder esa, la última bola. La tensión crecía en Benavídez. El Elefante buscaba y buscaba, las camisetas bordó se reproducían, bancaban las embestidas. Hasta que le llegó la ovalada a Tito. El de la pegada infalible que no había intentado a los palos por una lesión en el juego con Pucará. Joaquín Díaz Bonilla tenía el milagro en sus pies. La dejó caer para intentar el drop que todos imaginaban. Estaba muy lejos del objetivo. Casi en mitad de cancha. Fueron segundos interminables. La pelota en el aire rumbo a la hache, las miradas angustiadas, congeladas, de unos y otros. Los corazones paralizados. Cuando el ovalado objeto de deseo superó apenas el travesaño estalló el grito contenido de los de Don Torcuato. El milagro estaba concretado. Hindú, el mejor equipo de los últimos veinte años en el rugby argentino, el que venía de festejar en la URBA, pegaba otro grito de campeón al ganarle 27-25 a Newman. Por sexta vez, el Elefante es el rey en el Nacional de Clubes.

Entonces, Benavídez se cubrió de un manto azul y amarillo. La fiesta aunó a jugadores e hinchas en el terreno de sus rivales. Que jugaron un partido superlativo y que merecieron el aplauso de todos. Pero la gloria tenía que ser para uno solo. Y eligió rumbear para Don Torcuato, donde siempre es bien recibida.

No fue para nada fácil el partido para los torcuatenses. Newman le peleó la posesión y eso complicó a los dirigidos por los hermanos Juan y Nicolás Fernández Miranda y el Ruso Lucas Ostiglia. Se lo veía incómodo al Elefante, pese a que al minuto ya estaba en ventaja con el try de Emiliano Bavaro. La apuesta de Newman para discutirle la posesión llevó a los auriazules a cometer varias infracciones que Nicolás González Taboada convirtió en puntos con sus tiros a los palos.

Salvo un momento de desorientación en el primer tiempo, cuando quedó 13-5 abajo. Hindú se mantuvo siempre en partido. Incluso, se recuperó y se fue al descanso largo 18-16, diferencia que pudo ser mayor si Severiano Escobio acertaba un par de conversiones (lo complicó el viento en posiciones difíciles).

En el complemento, Escobio y González Taboada intercambiaron penales, pero Newman bancó la presión y así llegaron al último minuto 25-24 arriba los locales. La fiesta empezaba a teñirse de bordó. Pero el Elefante sacó la chapa y se fue para adelante a jugarse el resto. La tensión crecía. Los nervios alteraban a las dos tribunas. Y llegó Tito. Sí, el de la pegada certera. El que con su agónico drop desató una nueva fiesta en azul y amarillo. ¡Chapeau, hexacampeón!

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