El kirchnerismo usará la fórmula habitual de ir desgranando las mejores noticias que tenga para ofrecer, para las vísperas electorales. La oposición todavía mantiene una peligrosa fragmentación.
La Presidenta ya está en campaña. No queda claro todavía cuál será el estilo que le imprimirá a la misma, si el de "la Cristina buena", sosegada y contemporizadora que mostró para 2011 y que tanto rédito le reportó, o la confrontativa que acostumbra a mostrar, que tan bien le rinde ante su gente, pero que no le permite recuperar votos perdidos. Mientras se define el perfil que mostrará en una campaña que no tendrá su nombre en las listas, pero sí la tendrá como factor determinante, ha dejado ya claro que tiene la vista puesta en los comicios de agosto y octubre.
Mantiene el ritmo de al menos tres actos por semana y en uno de ellos, el jueves, le habló a la clase media que la votó masivamente hace dos años, pero que en el tiempo reciente nutrió las masivas movilizaciones en su contra. Volvió a recordarle la situación extrema de 2001 y que fue su gobierno el que devolvió los ahorros acorralados. Mas no usó un tono contemporizador; en lo que podría interpretarse como una elíptica respuesta a las denuncias de corrupción que vienen creciendo en los últimos tiempos, sugirió crear "el botón antizonzo para que los argentinos dejen de creer en las zonceras". En ese acto estaba Lula, nadie mejor que el expresidente brasileño para tener cerca en tiempos de campaña. Pero el arranque formal de la campaña será este 25 de Mayo, emblemática fecha del inicio de "la década ganada". Ese día el kirchnerismo se ha comprometido a reventar la Plaza y tratar de generar ese día el clima de los festejos del Bicentenario.
Hubo otras señales positivas para la campaña del oficialismo. El dólar blue, que aparecía desbocado, tras una fuerte presión sobre las cuevas, se acomodó entre los 8 y 9 pesos. Todavía lejos de los 6,50 que sugirió Guillermo Moreno, pero al menos por debajo de la línea psicológica de los 10 pesos.
El otro dato favorable para el oficialismo fue el cierre de las paritarias, que determinó una suba del 24%. Lejos del 18 pautado por el gobierno, pero distante del 30% que reclamaron muchos gremios al comienzo de la negociación. Si bien el pago del aumento coincidirá con el descongelamiento que sobrevendrá a fin de mes, la gente tendrá más dinero y podría mejorar el humor social. Máxime en los casos en que el aumento sea retroactivo al mes en curso. Luego vendrá el pago del aguinaldo y si bien todo eso puede calentar los precios, el efecto de esa inyección de dinero en el bolsillo de los trabajadores llegará en un momento clave, a poco tiempo de las primarias del 11 de agosto.
Para entonces la Presidenta ya habrá hecho otros dos anuncios significativos: el aumento del salario mínimo vital y móvil, y la suba de las jubilaciones. Diversas fuentes sugirieron que el salario mínimo sería fijado en 3.500 pesos, mientras que Cristina anunciará para los jubilados una mínima de 2.300. La fecha para esos anuncios será cuidadosamente elegida, cuestión de generar el mayor rédito posible.
Para las legislativas de octubre falta bastante, pero los cálculos económicos oficiales son optimistas. Hasta economistas no ligados al gobierno han anticipado que las cifras de crecimiento del segundo trimestre serán positivas, esperándose que el gobierno se las arregle para difundir incluso un índice mayor. No es lo que sucedió en el primer trimestre, ni lo que podría darse en el tercero y el cuarto, pero es clave que el pico pueda darse justo sobre las elecciones.
Y está también el blanqueo de capitales. Los propios oficialistas no se hacen demasiadas ilusiones con lo que pueda recaudarse, y ya se especula con que sería "un éxito" si se llegara a poco más de la mitad de los 4.000 millones que reportó el blanqueo de 2009. En ese caso, alcanzaría al menos para llegar medianamente bien a las elecciones.
Como dijimos, el kirchnerismo ya está en campaña y todo lo piensa en torno al cronograma electoral.
Vistas las cosas desde la otra vereda, los planetas podrían no alinearse de la manera que prevé el universo K. Las paritarias aún no se han cerrado en muchos gremios que prometen un incremento de la conflictividad para las próximas semanas. Por otra parte, el crecimiento podría no ser destacable, al no crecer Brasil tanto como se preveía. Y si bien la desocupación no ha aumentado significativamente, sí se sabe que la generación de empleo está virtualmente frenada. "No se está echando gente, pero ninguno de los que se va está siendo reemplazado", graficaba un empresario en la jornada organizada esta semana por el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) en el Hotel Sheraton.
Por lo demás, el blanqueo que sería ley el 29 de mayo difícilmente pueda dejar satisfechos a sus impulsores. La oposición hizo su aporte cuando para torpedearlo anunció esta semana un compromiso para derogarlo con efecto retroactivo en cuanto recupere la mayoría en el Congreso. Algo jurídicamente imposible, tal cual aclaró la AFIP luego, por aquello del derecho adquirido, y además porque aun en el mejor de los casos la oposición no tendrá número en ambas cámaras para imponer su voluntad tras la renovación legislativa. Así como más allá del 10 de diciembre el kirchnerismo no contará con los dos tercios en ambas cámaras que necesitaría para reformar la Constitución, la oposición no tendrá la cantidad suficiente para revertir un veto presidencial.
Igual, la bravata le sirvió a la oposición para mostrar los dientes ante un oficialismo que ya no parece tan firme y que es consciente de que los aires han cambiado, y no para bien, en lo que al gobierno respecta. De todos modos le está costando más de lo esperado llegar a acuerdos que le permitan soñar con repetir la victoria lograda sobre el kirchnerismo en 2009. En ese entonces el electorado se consolidó en tercios a partir de dos frentes bien reconocidos en los que se dividió la oposición para confrontar con el kirchnerismo. Pero esos acuerdos ya estaban firmes en el mes de febrero. Ahora en cambio, a sólo cuatro semanas del cierre de listas, todo está en veremos.
Y lo que es peor, en Capital las negociaciones entre el PRO y el peronismo disidente se enfriaron y podrían presentar allí dos listas, lo mismo que la centroizquierda, donde la UCR y la CC aparecen por un lado, Carrió y Solanas arman otra cosa por el otro y el FAP se divide. En la Provincia sucede algo parecido con este sector, aunque en el otro el macrismo está cerca de cerrar con De Narváez.
Empero, en este caso existe también un factor que podría cambiar todo el panorama. Es el encarnado por Sergio Massa, quien no ha decidido qué hacer en materia electoral. Si bien todos cerca suyo lo sitúan alejado del kirchnerismo y sugieren que en caso de competir lo hará por afuera, dos apariciones consecutivas del intendente de Tigre en actos encabezados por Cristina Kirchner alentaron hipótesis en sentido contrario.
Si fuera por lo que de él esperan los legisladores que se alinearon en torno suyo en el Frente Renovador, el intendente debería romper y competir en agosto y octubre. Pero siempre enigmático, Massa ha dicho ante la pregunta puntual que hará lo que los intendentes que juegan con él decidan. Si ese fuera el factor decisivo, habría que pensar en Massa guardándose para 2015, pues los intendentes suelen ser mucho menos osados a la hora de las decisiones.