Fue un viernes olvidable en materia judicial, con noticias que sólo presagian complicaciones para el oficialismo. El protagonismo de Daniel Scioli y las versiones de desplazamientos.
No resulta exagerado decir que dos cosas donde se manejó con soltura el kirchnerismo durante esta década han sido las urnas y la Justicia. Acaba de sufrir un sonoro traspié electoral, y la que pasó fue una semana olvidable en materia judicial, sobre todo en su último día hábil. Es lo que lleva a hablar de 'señales de fin de ciclo'.
Nada ha sido imprevisto, de ahí que sorprendan ciertas caras de consternación de figuras oficialistas. El resultado electoral en los principales distritos estaba previsto desde hacía tiempo. Sí llamaron la atención derrotas inéditas como en La Rioja, o pérdida de votos como se dieron en Misiones y Jujuy, por citar sólo dos casos. Tal vez sea lo que más ruido le hizo al kirchnerismo.
No hace mucho tiempo, un periodista que se manifestaba equidistante del oficialismo y la oposición -pero que aparecía más cerca del primero-, no necesitó mucho esfuerzo por explicar en un programa político de qué manera el gobierno podría celebrar un triunfo nacional por el 40%, más allá de perder en los principales centros urbanos: el aluvión de votos que una vez más conseguirían en las provincias del norte, donde recordó que el kirchnerismo acostumbraba a pasar el 70%.
40% era el número sobre el cual calificados voceros kirchneristas edificaban el discurso para, sino avanzar hacia una re-reelección, mantener viva esa llama el mayor tiempo posible. Ganar tiempo es un elemento clave en los manuales K.
Por eso sonó extraño cuando esta semana comenzó a circular fuerte la versión que daba a la Presidenta anunciando en Santa Cruz -al margen de su reunión con 'los titulares'- la anticipada decisión de ungir a Daniel Scioli como el elegido para sucederla. Porque nunca nadie podrá alardear de anticipar algo que Cristina Kirchner vaya a decir en un discurso, y menos algo de semejante magnitud.
El propio gobernador se apresuró a desmentir una reunión con la mandataria en la que se hubiera acordado tal cosa. Ese mismo día, en la reunión del Consejo de las Américas, el mandatario bonaerense pronunció una frase que hizo ruido, al hablar de la necesidad de que 'el gobierno termine de la mejor manera'. También debió aclarar sus expresiones al día siguiente.
Con todo, Scioli siente que la coyuntura le ha permitido ocupar un lugar central en estos días, impensado para alguien que no participa de las elecciones de este año, ni tiene candidatos en las listas. Está claro de todos modos que el papel central de este tramo de la campaña lo ha asumido él. Mucho más que el propio Insaurralde, e incluso por sobre la figura presidencial, que se preferirá preservar de cara a octubre.
El riesgo para el habitante ilustre de Villa La Ñata es elevado, pero él estima que para 2015 falta todavía mucho, mucho tiempo, y prefiere ver el vaso lleno del protagonismo que le asigna esta coyuntura.
Tampoco sonaron imprevistas las noticias del ámbito judicial. Cuando el conflicto con la empresa LAN llegó a su máxima expresión, se descontaba que una cautelar frenaría la embestida oficial. El viernes se le dio curso favorable a dos medidas en ese sentido presentadas por empresas más pequeñas a las que se les hizo la misma demanda que a la de capitales chilenos, lo que anticipa un resultado similar para LAN. Los más moderados del gobierno se preguntan por la necesidad de una controversia de esa magnitud que no les aportará ningún rédito en los tiempos que corren. Como muestra de lo inoportuno del conflicto, el tema le quitó protagonismo al encuentro de la Presidenta con empresarios y sindicalistas en Río Gallegos, sin hablar del desacierto de que algo así estuviera transcurriendo mientras Cristina buscaba dar señales positivas al mundo de los negocios.
Nada se habló en el encuentro santacruceño del artículo de la Ley del Mercado de Capitales que preocupa a muchos empresarios, pues habilita a la Comisión Nacional de Valores a intervenir empresas en las que se hayan vulnerado los intereses de los accionistas minoritarios. La norma apuntaría especialmente al Grupo Clarín, y justamente el viernes se conoció que la Cámara de Apelaciones había hecho lugar a una cautelar presentada por el multimedios que deja en suspenso el artículo en cuestión.
Como viene la mano, en el gobierno ya especulan también con un fallo adverso de la Corte Suprema sobre la Ley de Medios. Este miércoles está prevista una audiencia con 'amigos' de las partes, que será la última instancia antes de que el Tribunal Supremo se pronuncie, pero en los pasillos de la Casa Rosada reina la convicción de que la Corte dictará la inconstitucionalidad de los artículos cuestionados. La duda, dicen, es si lo hará antes o después del 27 de octubre.
Ya la semana anterior la Corte había avalado la cautelar que impide la expropiación del predio de la Rural, de ahí que en el gobierno hablen de un 'ajuste de cuentas' de parte de la Justicia por la reforma judicial. Otros hablan de 'impericia' y responsabilizan especialmente al dirigente de La Cámpora Julián Alvarez, secretario de Justicia e ideólogo de la fallida reforma judicial, de quien esperaban contactos más eficientes en los tribunales.
Los reveses judiciales han trascendido el ámbito local, pues el viernes se conoció el muy crítico fallo de la Corte de Apelaciones de Nueva York, que ratifica el pago del 100% de los bonos reclamado por los fondos buitre. La resolución final se mantendrá en suspenso hasta que la Corte Suprema de Estados Unidos decida o no tomar el caso, pero de cualquier manera se descuenta que la resolución final será adversa. Es muy difícil que el tribunal supremo falle diferente de lo que ya hicieron un juez de primera instancia y la Cámara, de manera unánime. Pero si no toma el caso quedará confirmado el fallo del viernes, lo cual es una noticia peor.
Habrá que aceitar los contactos diplomáticos para que el gobierno de Obama nos de una mano. La Corte norteamericana toma sólo el 50% de los casos en los que el gobierno se presenta, pero sólo el 2% cuando no lo hace, advierten especialistas. Lo que ganará en ese caso el gobierno argentino es tiempo, elemento clave en el mundo K, como hemos dicho.
De lo que también se habló esta semana fue de cambios, producto del traspié electoral y las circunstancias que reclaman señales diferentes para tratar de revertir la cuesta en octubre. Conocido el fallo adverso en Estados Unidos, se habló de un eventual desplazamiento del ministro de Economía. Eso no ocurrirá: Hernán Lorenzino es un abogado especialista en el tema deuda y no será movido del cargo en esta coyuntura.
También volvió a sonar que Guillermo Moreno había caído en desgracia. Le facturan desde los resultados del cepo cambiario, a la supercard -mil veces anunciada y aún no puesta en práctica, dicen, porque al final tendría menos resultados que el CEDIN-, pasando por la inflación vigente y por supuesto, la bajísima respuesta que ha obtenido el blanqueo de capitales.
Llamó la atención su ausencia en el cónclave de Río Gallegos. Dicen que fue una concesión otorgada a los empresarios, que pidieron que no estuviera, como ya ha sucedido con funcionarios brasileños, que prefieren no tenerlo delante en las negociaciones. Dicen también que cuando más se insiste sobre su posible renuncia, más se fortalece el poderoso funcionario.