El tratamiento del último Presupuesto de este gobierno fue una síntesis de los años kirchneristas; sobre todo los últimos. Semejante “megasesión” tuvo que ver con la inminencia de las elecciones en las que sobra confianza oficialista, pero no certezas.
Históricamente los presupuestos de la era kirchnerista se caracterizaron por minimizar variables. En los primeros años, deliberadamente se previó un nivel de crecimiento inferior al luego registrado; con el tiempo, ya con Cristina al frente del Ejecutivo y con las variables socioeconómicas comprometidas, esa subestimación se extendió a otros rubros, con objetivos diferentes. Inflación y precios del dólar, por citar solo dos ejemplos bien conocidos; por el contrario, se estimaron niveles de crecimiento superiores a lo previsible. De hecho, van cuatro años sin crecimiento y nunca el Presupuesto se hizo eco de ello.

El último proyecto remitido al Parlamento en la era K no fue la excepción. Por el contrario, resumió los peores rasgos de esta gestión en la materia: con previsiones cuanto menos cuestionables, tratamiento veloz y rechazo plano a cualquier tipo de modificaciones. Aunque en esta oportunidad ese no fue el reclamo predominante en la oposición, que planteó su rechazo reclamando una postergación en el tratamiento hasta que se defina quién será el nuevo presidente y el mismo pudiera tener voz y ser parte de la elaboración del Presupuesto que deberá administrar.

Como siempre, el oficialismo hizo oídos sordos a los reclamos y el último miércoles se aprobó justo a la medianoche, con un agregado curioso que sumó a los peculiares tratamientos de presupuestos kirchneristas: además de ese proyecto y las prórrogas impositivas y emergencia económica que como de costumbre se aprobaron a continuación, la sesión incluyó un lote de iniciativas que el gobierno quiere ver convertidas en ley antes de las elecciones. Toda una novedad en la historia parlamentaria argentina y que difícilmente tenga réplica en otros países: tiene poca lógica que el tratamiento de nada menos que el Presupuesto (la ley de leyes) esté compartido con otros temas, teniendo en cuenta su importancia y el nivel de atención que merece. Que por el contrario, junto con su tratamiento fuera incluido un extenso temario de proyectos muestra el nivel de rigurosidad que el kirchnerismo le asignó al tema.

      Cámara de diputados


En rigor, la 'megasesión', o 'supermiércoles', como también se lo denominó, fue más bien consecuencia de las urgencias oficiales que un destrato deliberado. Año electoral, el gobierno quiere tener todo aprobado cuanto antes y este Congreso no se caracterizó por resistir a sus reclamos. Más preocupada por las elecciones que por emprender batallas que sabe que perderá, la oposición terminó aceptando un temario extra large, pidiendo tan solo eliminar del temario los proyectos para reformar la Ley de Deportes y crear un Ente Nacional de Desarrollo Deportivo, por estimar que el tema ameritaba un tratamiento más minucioso, por un lado, y objetaba la creación de una superestructura supuestamente destinada a la creación de 'cargos inútiles'. Pero el oficialismo no aceptó retirar sendos proyectos de La Cámpora y la oposición debió resignarse, negándose como venganza a achicar su lista de oradores, con lo que la sesión se extendió a más de 16 horas. Pudo ser peor.

Con todo, el deseo presidencial de que el Presupuesto se convierta en ley el miércoles previo a las elecciones no será concedido. Se descontaba que le costaría horrores al oficialismo reunir en Buenos Aires a la totalidad de sus senadores en la semana de las elecciones, por lo que se acordó que sea el miércoles siguiente. 'Necesitamos ganar en primera vuelta y para eso tenemos que estar en nuestras provincias a tiempo completo', graficó ante DIARIO POPULAR un senador kirchnerista del norte argentino, al dejar claro el pensamiento propio y de sus pares.

Esa sigue siendo la obsesión del Frente para la Victoria: ganar en primera vuelta, cuestión de evitar la zozobra que implicaría un balotaje, aunque en público y en privado aseguren que en esa instancia también se impondrían, y muestran encuestas que así lo expresan, poniendo del otro lado siempre a Mauricio Macri. Son menos los sondeos que calculan la eventualidad de una segunda vuelta entre Scioli y Massa, y en esos casos -tal cual insisten desde el massismo- el tigrense llevaría las de ganar. Pero como las posibilidades de que el ex intendente logre escalar de su 14% de las PASO a un número que supere a Macri y se ponga a tiro del balotaje resulta materialmente imposible, se entusiasman en el oficialismo en que el crecimiento de Massa se limite a afectar al candidato de Cambiemos.

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Con todo, el oficialismo viene verificando una imposibilidad cierta de crecer con relación a las PASO. Igual que Macri. Por eso se han empecinado en buscar en la provincia de Buenos Aires los votos que les faltan, de ahí que tienten a tantos dirigentes del Frente Renovador para volver al FpV. Habrá más novedades antes del 25. Pero esos saltos con garrocha no necesariamente arrastran votos consigo; más bien son salvaguardas individuales.En el macrismo admiten que les cuesta crecer, pero se ilusionan con sumar 2 o 3 puntos claves en las dos semanas que restan. Apuestan a sumar en la provincia de Buenos Aires votos que fueron para Massa en las PASO y que hoy vendrían gracias a intendentes con capacidad de vencer al FpV. Y sobre todo apuestan al factor Vidal; la dama seguirá a fondo sus recorridas barriales durante toda esta semana, y luego dedicará los últimos siete días a los medios, cuestión de contraponer su figura a la de Aníbal Fernández, y dejar plantada la polarización. Es la diferencia que si no le permite a ella dar el batacazo, al menos le suministrará a Macri un porcentaje de votos clave, estiman en el PRO.

Allí admiten, como dijimos, que les ha costado mucho más de lo que pensaban crecer desde agosto; aseguran haber logrado fidelizar el voto radical, aunque no habría que estar tan seguro; tal vez hayan asegurado a sus dirigentes: hay encuestadores que advierten que parte del voto radical irá a Stolbizer.

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Reconocen que el caso Niembro les costó más de lo que esperaban, y lo justifican en que los votantes de Macri, a diferencia de los de Scioli, 'son más críticos'. Prueba de ello exhiben la encuesta de Mariel Fornoni sobre el debate, donde se advierte que el 60% de los votantes de Cambiemos piensa que Macri fue el ganador del mismo. Ergo, el 40% opina lo contrario, lo que grafica el nivel de exigencia de ese votante.

¿El debate les sumó o les restó a los candidatos? Ninguno verá el 25 una merma en su performance por su papel en la Facultad de Derecho. Tampoco se espera que haya perdido votos Daniel Scioli por su ausencia. Pero sin duda se perdió una gran oportunidad de sumar en un electorado independiente que ve cada vez más lejos suyo. No se sabe si es por esa ausencia, pero lo cierto es que desde el macrismo aseguran que el gobernador bonaerense 'ha comenzado a bajar'.

En pocos días se sabrá cuán real es eso.

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