Y eso si el próximo gobierno sincera las tarifas como desde hace años reclaman los especialistas, y -en privado- las distribuidoras eléctricas. Dependerá de la manera más o menos gradual con que se aplique el demorado reajuste y siempre y cuando los amparos no frenen esas medidas, como sucedió en tiempos de Eduardo Duhalde,
quien luego se desentendió de la cuestión. Eso irá acompañado por una salida del sistema de subsidios que el gobierno actual se propuso encarar después de obtenido el 54%, pero luego dejó de lado.
Esas medidas poco simpáticas son las que se espera deba adoptar el próximo gobierno y que darán pie al cristinismo para empezar a hacer su propia campaña, así el oficialismo sea el que gane en octubre.
Pero ese no será el único contratiempo que encontrará el próximo gobierno. Deberá lidiar, por ejemplo, con un atraso cambiario que se volvió evidente el viernes cuando Brasil devaluó fuerte su moneda (3,1%), acumulando un 20% en lo que va del año. Consultado al respecto, el titular del Banco Central, Alejandro Vanoli, descartó que Argentina vaya a mover su tipo de cambio y, por el contrario, dijo que seguirá con el sistema de flotación administrada. Habrá que seguir detenidamente el tema, pues con este panorama la relación entre el peso y el real es la peor para Argentina desde la salida de la convertibilidad.
Esta situación repercutirá fuerte en las economías regionales y pone los pelos de punta a más de un gobernador oficialista que ve opacadas sus posibilidades electorales por la crisis en sus distritos. Así las cosas, ese será otro de los lastres que encontrará la próxima administración.
En este marco, la Presidenta se metió de lleno en la campaña. Pasada la Asamblea Legislativa, el kirchnerismo dio por superada la etapa de inacción en que cayó por el 'efecto Nisman' y se propone marcar el ritmo en los tiempos que vienen si es posible con dos actos semanales. Al menos es lo que hizo esta última semana: en Ezeiza se preocupó por mostrar a los candidatos que busca apuntalar, y
en primer plano apareció Mariano Recalde, impuesto por Cristina como su candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En las fotos distribuidas por Presidencia, que suelen dejar claro lo que el gobierno quiere priorizar, el lugar central después de la Presidenta era para el titular de Aerolíneas.
También estuvieron en el acto Daniel Scioli y Florencio Randazzo, pero las imágenes priorizaron al ministro. Una vez más.
Dos días después, Cristina volvió a usar la cadena nacional para hacer anuncios sociales, una tendencia que se mantendrá firme en los próximos meses, con el mismo tono exhibido el jueves. Allí anunció un incremento para el plan Progresar,
cuyo haber incrementó en un 50% y duplicó su alcance, lo que representará un aumento que
Cristina cuantificó en 7.000 millones. Ese será otro de los presentes griegos que le dejará a su sucesor.
Tiene sentido: el kirchnerismo se la pasa alertando que el que venga podría volver a privatizar YPF, las AFJP, o eliminar la AUH; pero semejantes augurios, desmentidos de plano por todos los opositores, ya no prenden en el electorado, que tampoco cree que nadie vaya a hacer tal cosa. Pero sí podría adoptar medidas antipáticas como revertir incrementos como el anunciado por Cristina para el Progresar.
¿O acaso no pensaba en eso la Presidenta cuando ya sin cadena nacional, en su discurso a la militancia -donde suele decir los párrafos más sustanciosos-, advirtió a los que 'seguro no nos van a votar y van a votar a cualquier otro, pese a todo lo que ganaron, asegúrense que ese que voten, les pueda seguir dando las mismas cosas que ganaron en estos 12 años'. 'Porque después, ¿saben qué?.. Y les digo que piensen bien porque no se aceptan devoluciones', disparó con su clásica marca registrada.
El que avisa no traiciona, apostrofa un dicho popular que puede suscribir hoy Cristina, quien el 1º de marzo terminó su mensaje adelantando que no le dejará al que venga 'un país cómodo'. Allí, al referirse 'al país que viene', advirtió: 'Yo no dejo un país cómodo para los dirigentes, yo dejo un país cómodo para la gente'.
'Claro que va a ser incómodo. Después de todo lo que hemos leído, va a ser incómodo, sobre todo si le piensan sacar derechos que ha ganado la gente, va a ser muy incómodo'. A buen entendedor.
Dos días antes, Cristina había dedicado un párrafo especial a su hijo. A cuenta de nada,
porque el motivo del acto era la presentación de un Airbus A330-200, ella trajo a colación una comparación de Máximo con uno de los hijos de De la Rúa, en la que ensalzaba a su primogénito atribuyéndole una desconocida preocupación por 'agrupar jóvenes, muchas veces para sacarlos de la calle o de la droga para incorporarlos a la política, para incorporarlos a servir a la patria'.
Nadie dudó de que el comentario presidencial remitía a una de las mayores preocupaciones de la Presidenta en los tiempos que corren, que es la causa Hotesur y las insistentes versiones de que en las próximas semanas el juez Claudio Bonadío citará a Tribunales al hijo de Cristina. Se prepara el terreno para que cuando eso ocurra sea más fácil instalar la idea de que la medida forma parte de los embates atribuidos al 'partido judicial'.
Pero para completar el plan de contención, se baraja decididamente -según trascendió- la idea de candidatear al primogénito en octubre, de modo tal de que pueda contar con los fueros correspondientes al menos por cuatro años.
Y en 2019, quizás, sea la hora del regreso.