El resultado de las Primarias de agosto dejó sensación de "partido definido", aunque el gobierno se las arregló para encarrilar la campaña y encender sus propias ilusiones. Pero los mercados, producto de ese mismo resultado de las PASO, no dieron tregua. Ni siquiera la semana previa al comicio

Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias fueron el detalle saliente de la reforma política impulsada por el kirchnerismo luego de la derrota en las legislativas de 2009. Fue una convocatoria instrumentada por el entonces ministro del Interior Florencio Randazzo, que encontró el solitario rechazo de Elisa Carrió, que argumentó para no ir a esa ronda de diálogo ofrecida por los K en la Casa Rosada que el ámbito de discusión para esos temas era el Parlamento.

Margarita Stolbizer se diferenció esa vez de su hasta entonces aliada, concurriendo en cambio a la cita que terminó desembocando, como dijimos, en la creación de las PASO.

El sistema fue implementado por primera vez en 2011 y por supuesto que el Frente para la Victoria, que lo había impulsado, no lo utilizó. La fórmula Cristina Kirchner-Amado Boudou se impuso en las primarias por casi el 48%, ante una oposición muy dividida que ubicó en los puestos siguientes a Ricardo Alfonsín con el 11,65%, y a Eduardo Duhalde con 11,57%. Cuarto resultó Hermes Binner (9,72%).

Las PASO se revelaron así como un sistema capaz de definir dos meses antes de las elecciones generales el resultado de las mismas. Y potenciar las victorias, como se observó ese mismo año, con la ya entonces viuda Cristina K alcanzando el 54% de los votos. Puede ser letal también para los segundos, como se verificó también entonces: ya sin chances, Alfonsín y Duhalde se desinflaron. El primero sacó un poquito menos que lo que tenía (11,14%) y el expresidente quedó quinto con apenas el 5,86%. Segundo terminó siendo el cuarto de las PASO, Hermes Binner, que cosechó el 16,81%. Ergo, ya en su primera versión se pudo vislumbrar que lo que allí sucede no es inocuo en las elecciones generales.

Es raro que no hayan advertido ya en esa primera experiencia que las primarias son capaces de restarle todo interés a las elecciones generales, si terminan anticipando el resultado definitivo. Mejor dicho, seguramente lo hicieron, pero todos los oficialismos pensaron desde entonces que ellos mismos le sacarían rédito a ese poder anticipatorio. Incluso el macrismo, que tras desfilar en las legislativas de 2017 se imaginó la continuidad por al menos dos turnos más.

Ya se sabe que la realidad fue bien distinta este 2019 y la experiencia sirvió para someter al país a una extenuante aceleración de la crisis motivada por un resultado inesperado. Como sea, no es seguro que un oficialismo nuevo vaya a estar interesado en anular las PASO, sobre todo si en su seno habita quien las creó y, además, no fue esta vez el directo perjudicado. Lo cierto es que el resultado del 11 de agosto trastocó los roles de los principales candidatos. El desafiante se transformó en una suerte de virtual presidente electo, mientras que el presidente en funciones debió reinventarse para encender de nuevo la ilusión de la continuidad. Este domingo se develará la incógnita de qué tan eficaz fue esa campaña tan distinta de la matriz macrista, pero que en principio sirvió al menos para brindarles esperanza.

Arde Santiago

Estas elecciones se dan en un momento especial del mundo en general y la región en particular. La vecindad está encendida: primero fue Ecuador con sus revueltas; ahora es Bolivia con un presidente que ha quedado envuelto en una crisis de legitimidad a partir de una elección con resultado ajustado y sospechosamente favorable a quien preside el país desde 2006. Y en el medio, Chile, con una crisis inesperada y de imprevisibles consecuencias, que ha puesto al modelo trasandino en el centro de los cuestionamientos. Mala noticia para Sebastián Piñera, pero también mala para su amigo Mauricio Macri, que siempre puso al modelo chileno como ejemplo a seguir. No obstante, resulta cuanto menos tendencioso que se proceda a condenar a la ligera un sistema en el que la economía no es deficitaria y crece desde hace años de manera ininterrumpida.

No es nuestro caso. Precisamente el resultado de las PASO trastocó todas las expectativas del gobierno de Mauricio Macri y precipitó las proyecciones. Ya la inflación que venía en baja en julio se encabritó después del 11 de agosto, con un nuevo salto devaluatorio que llevó al dólar de 46 pesos a 60. El virtual acuerdo de precios hecho a poco de las PASO -eliminación del IVA para los alimentos de la canasta básica- ya es historia antigua y las elecciones generales llegan en plena etapa de remarcaciones que tienen en cuenta un dólar que no es siquiera el que alcanzó un valor récord el viernes pasado.

Lejos quedaron las predicciones de un ministro que se fue con la corrida post PASO. Su equipo económico se ilusionaba con una economía en crecimiento a partir de este segundo semestre, y sin embargo el último de la actividad económica dato brindado por el INDEC mostró para agosto pasado una caída del 3,8% -la baja más pronunciada desde abril pasado-, y acumula una contracción del 2,3%. Datos que van en consonancia con todos los indicadores que se conocen desde hace un año y medio, todos negativos en una caída que no encuentra piso.

Pero hay un dato aún más inquietante y es la pérdida de divisas que previsiblemente se aceleró en los últimos días. Era de manual: todo indica que el valor del dólar está contenido, de acuerdo con las proyecciones inflacionarias y las expectativas de los mercados, que parecen dispuestos a repetir a partir de este lunes lo vivido la semana posterior al 11A.

Para interpretar qué tan feo es lo que viene veamos que la previa a las elecciones generales fue una semana negra en materia cambiaria, con un Banco Central que no acertó con ninguna de las recetas dispuestas para frenar la escalada del dólar. Y en ese marco los datos revelan una progresión complicada: el martes se vendieron 294 millones; el miércoles 450; el jueves 883, y el viernes 1.755 millones de dólares. Cada día se fueron duplicando los esfuerzos para contener -sin éxito- la divisa. Desde el Banco Central se buscó poner paños fríos. El viernes, una fuente explicó a este medio que aproximadamente la mitad de la caída de las reservas de ese día "se puede explicar solamente por el adelantamiento de dólares físicos a las diferentes entidades bancarias para que, en caso de que los clientes los requirieran, las sucursales contaran con billetes disponibles".

Otras fuentes precisaron que, contrariamente a anteriores corridas, esta vez la compra obedeció a clientes minoristas que salieron a tratar de proteger sus pequeños ahorros comprando dólares. Y nadie vende. Todo el mundo prevé un endurecimiento del cepo a partir de mañana. En rigor, debió haber sido antes, pero políticamente hubiera sido suicida, interpretaron en el gobierno. Mauricio Macri, que reivindica haber eliminado el cepo en la primera semana de su gobierno -una de sus pocas promesas cumplidas- no quiso llegar a las elecciones restituyéndolo. Pero no le queda otra a partir de este lunes, fecha en la que no habría que descartar un feriado cambiario. No es probable y las fuentes consultadas lo descartan, pero sería razonable que una vez consumados los resultados las partes con poder de decisión se reúnan para brindar una cuota de cordura que permita poner freno a la crisis.

Todo dependerá del resultado de este domingo, que las PASO habrían anticipado ya de manera definitiva. Pero hay que esperar que se abran las urnas y, remarcan los analistas económicos, esperar como nunca discursos contemporizadores y hasta anuncios de medidas para albergar esperanzas de que la crisis se encauce este lunes. Si se tiene en cuenta el nivel de diálogo percibido entre los principales contendores, no sería lo esperable para este domingo. Alcanza con haber escuchado al candidato ganador de las PASO diciendo el miércoles por la noche que no hablará más con el Presidente.

Pero una cosa son los artificios de la campaña y otra cuando la elección ya sucedió. Es lo que se espera y da cierto aliento saber que -muy en segundo plano- el diálogo entre los equipos económicos nunca se cortó.

Faltan 44 días para que asuma el nuevo gobierno, si más o menos se repiten los resultados de las PASO. Si se "da vuelta", como proclama el oficialismo más entusiasta, habrá que esperar a un balotaje y la incertidumbre se prolongará. Aunque en ese hipotético caso los sectores que se aterraron con lo que pasó en agosto tal vez reconsideren su conducta.

Hay también una alternativa que debe ser muy tenida en cuenta: si hay segunda vuelta en la Ciudad, la interminable campaña electoral se prolongará un tiempo más, dificultando el diálogo entre las partes a nivel nacional. Están los gurkas más extremos que se ilusionan con borrar cualquier vestigio de macrismo de todo espacio de poder. Ya sea la Nación, la Ciudad… y hasta Boca Juniors, donde se vota el 8 de diciembre y la Libertadores fue para el oficialismo xeneize lo que la devaluación para Macri.

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