Si bien todos concluyen que los debates presidenciales resultan -al menos aquí- inocuos, los candidatos buscarán sacarle el mayor provecho a esta última chance de modificar el clima expresado en las PASO. El trasfondo de la caravana del "Sí se puede" y el espejo chileno en el que se mira Macri

Los especialistas insisten en afirmar que los debates lejos están de modificar el voto del electorado. Las encuestas realizadas con posterioridad al primero de los dos previstos por ley para estas elecciones presidenciales les darían la razón: los resultados ante la pregunta de "quién ganó" son muy similares a lo que anticipan será el resultado del 27 de octubre.

Receptores de un elevadísimo raiting, resulta extraño que se insista en que no puedan incidir en la decisión del electorado, pero lo cierto es que su visualización no haría más que potenciar la imagen que cada ciudadano tiene de los candidatos según sus preferencias. ¿Y los indecisos, que es adonde debería estar dirigido el mayor esfuerzo de los postulantes? Su incidencia no parecería estar alterando mayormente el resultado.

No obstante, en este juego de detalles donde los seis candidatos parecen especialmente atentos a sacar las más mínimas ventajas, se le da singular importancia al segundo debate que tendrá lugar esta noche. Fundamentalmente los candidatos principales, que cuentan con la experiencia del de la semana pasada, y en este sentido el Presidente da por descontado que Alberto Fernández saldrá otra vez con los tapones de punta. No le importó demasiado la imputación que Macri le hizo sobre el final respecto del dedo índice levantado, ni los aires de soberbia que podía sugerir su tono. Es verdad que la actitud del candidato del Frente de Todos estuvo lejos de la imagen moderada que se esmeró por expresar en la campaña, pero en rigor de verdad su postura frente al Presidente siempre fue la misma, y no encontró motivos para cambiarla durante el debate.

El ex jefe de Gabinete se mostró siempre especialmente crítico con Macri, con quien tiene diferencias que exceden este período de gobierno. Y fundamentalmente está seguro de que su aspereza para con el mandatario va en sintonía con el enojo de la mayoría del votante opositor. Es lo que en el Frente de Todos entienden que los que ya lo votaron en agosto esperaban de su candidato, y así actuó en consecuencia.

El líder de Juntos por el Cambiose mostró moderado en el primer debate, sobre todo al principio. Es el que podría cambiar más de postura en este segundo debate, asumiendo una ofensiva que exhibió el domingo pasado solo en algunos pasajes. Necesitado de hacer aun la mínima diferencia donde le sea posible, se espera que adquiera un tono especialmente hostil con el kirchnerismo cuando sea el momento de hablar de corrupción. Ese fue el rubro en el que supo marcar las principales diferencias con la gestión anterior.

Eso sucederá en el tercero de los bloques, ya promediando el debate de este domingo, cuando se aborde el tema "Federalismo, Calidad Institucional y Rol del Estado". Allí, además de hacer hincapié en la transparencia declamada, el Presidente seguramente reivindicará el suyo como el que "mayor federalismo ejerció". Dirá que al asumir Cambiemos, diez provincias no podían pagar sueldos y aguinaldos y que ahora en cambio 20 de las 24 están en situación de equilibrio financiero. Es lo que dijo Marcos Peña en uno de los últimos informes que brindó en el Congreso.

Fernández dará otra versión y se arrogará expresar un "verdadero federalismo". Ya lo adelantó en la semana, cuando en un discurso habló como si ya hubiera ganado y aclaró: "No soy el presidente de los porteños, soy el presidente de la Argentina". ¿Sugerirá, como ya ha hecho, recortes en los fondos de la Ciudad de Buenos Aires? Difícil, pues afectaría las posibilidades de Matías Lammens, serio aspirante a ingresar en un balotaje con Rodríguez Larreta.

En ese bloque y en el primero el Presidente espera tener sus mejores pasajes del debate. Es que el primer bloque estará dedicado a la seguridad, tema en el que debería sacar mejor partido que la semana pasada con el tema de política internacional.

En cambio, no la pasará bien Macri en el segundo y el cuarto bloque. "Empleo, Producción e Infraestructura" es el eje del segundo, en el que la desocupación nuevamente en dos dígitos será donde hará hincapié toda la oposición. Ni hablar de la producción, donde piensa hacer "pata ancha" Fernández… Macri se refugiará en el rubro infraestructura, donde de todos modos se le recordará que los planes oficiales debieron ser dejados mayormente de lado cuando tuvimos que acudir al Fondo y alumbró el ajuste.

Lamentablemente para Macri, el último bloque estará dedicado a "Desarrollo Social, Ambiente y Vivienda", y ahí lo tendrán a maltraer. Son temas donde el Presidente podrá hablar del enorme presupuesto destinado a planes, pero deberá escuchar sermones de sus rivales.

Con todo, el Presidente llega fortalecido con la enorme concentración lograda este sábado en la avenida 9 de Julio y otras ciudades importantes del país y el mundo. Fue la frutilla del postre de la anunciada serie de presentaciones en ciudades de todo el país que han sido inusualmente multitudinarias. Esas demostraciones de respaldo lo han entusiasmado, aunque en sí mismas representen la admisión del fracaso del tipo de campaña encarado hasta el presente.

Para muchos, el objetivo es consolidar al menos una base electoral importante desde donde plantarse ante el nuevo gobierno. Están también los que sostienen que el proyecto es personal y aspira a consolidar el liderazgo del fundador del PRO aun en el llano. Macri se ve reflejado en el espejo del presidente chileno Sebastián Piñera, que dejó el poder en 2014 en manos de Michelle Bachelet, justamente quien se lo había entregado en 2011. Y volvió al gobierno en 2018. ¿Son comparables ambos casos?

"Básicamente Piñera volvió al poder por la herida mortal que hizo a la ex Concertación el escándalo de corrupción que afectó al hijo y la nuera de Bachelet", explica a este medio el periodista chileno Fernando Fuentes. La mandataria, agrega Fuentes, "había perdido uno de sus principales atributos personales: la confianza. Así, el votante buscó darle una nueva chance a Piñera. Además, la carta de la Fuerza de la Mayoría, Alejandro Guillier, era un candidato que defraudó, al fracasar en consolidar el respaldo combinado de los candidatos del centro a la izquierda. Y también el fantasma de ‘Chilezuela’ tuvo un rol importante".

Piñera se fue con mejor imagen que Macri: según la entonces encuestadora Adimark, terminó su primer mandato con un 50% de aprobación (su promedio en los cuatro años fue de 40%). Al poco del inicio de su segundo gobierno, a fines de marzo de 2018, alcanzó una aprobación del 58%, superando el mejor registro que obtuvo Bachelet en sus cuatro años (56%), cuenta Fuentes, que agrega: "En agosto pasado, la aprobación de Piñera volvió al 29%, una de sus peores evaluaciones".

Pero en las actuales circunstancias, Macri debería dejar de lado esa comparación. "Si a Piñera le quedaba algo de capital político, en los últimos dos días lo perdió por completo. Sacando al Ejército a las calles revivió todos los fantasmas de la dictadura", advierte Fernando Fuentes.

Como sea, el macrismo no se da por vencido, aunque más que pensar en un hipotético éxito electoral el 27 -que no sería ganar la elección, sino acceder al balotaje-, el objetivo de la caravana del "Sí se puede" ha sido al menos mostrar al Presidente "competitivo" tras el golpazo de agosto. En eso entendió Macri que se juega la gobernabilidad: en tratar de mantener al menos hasta el 27 de octubre la posibilidad vigente de reelegir.

Una posibilidad que no ve el círculo rojo, tal cual Macri les endilgó a los empresarios en el marco de la videoconferencia a través de la cual participó el viernes en el Coloquio de IDEA. El encuentro empresarial tuvo aires de "fin de ciclo", con la ausencia adicional del candidato más votado en las PASO, en un gesto probablemente más dirigido hacia la interna del Frente de Todos que una muestra de cómo será si gana.

Alberto Fernández está obsesionado porque transcurran en calma los pocos días que restan hasta el 27 y su equipo ha recibido la instrucción de no hablar, cuestión de evitar definiciones que comprometan al candidato. Habrá cierre de campaña en Mar del Plata -uno de los distritos grandes que se ilusionan con ganar, aunque es difícil-, pero si por el candidato hubiera sido, alcanzaba con el acto del 17 de Octubre en La Pampa.

El PJ mostró allí una imagen inusual en los últimos años -era K incluida-, con un peronismo unido. Y en ese marco la elección de la sede del acto no fue casual. El gobernador de La Pampa tuvo sus fuertes e históricas diferencias con Cristina Kirchner, desde que ella era senadora rasa. Pero en el objetivo de volver al poder, el peronismo pampeano -y el peronismo en general- dejó de lado ese distanciamiento para privilegiar su rechazo a Mauricio Macri y garantizar el retorno al poder.

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