No es tarea sencilla arrebatarle al oficialismo el protagonismo, y esta semana la oposición lo consiguió. Lo que no es poco, teniendo en cuenta que la Presidenta arrancó el domingo reunida nada menos que con el Papa. Un encuentro que diversos analistas -deseosos de alejar las críticas a Francisco por contradecir su deseo de mantenerse al margen de la campaña electoral- habían previsto como 'breve', pero que terminó siendo de una hora 40 minutos.
Al día siguiente, Cristina Kirchner siguió su periplo presentándose ante la FAO -un organismo que tal vez podría ser su destino internacional futuro, en el caso de que el oficialismo siga gobernando y ella no sea candidata- para recibir un premio por la lucha de la Argentina contra el hambre. Sin embargo la mandataria derrapó en Roma, pues el brillo de la distinción quedó opacado con los controvertidos datos proclamados por Cristina en su discurso.
Debe haberla traicionado su costumbre exacerbada en nuestro medio de mechar permanentemente cifras -en ocasiones de dudosa verificación-, y la Presidenta quedó atrapada en las redes del 5% de pobreza y 1,27% de indigencia que le asignó a nuestro país. Innecesariamente, pues pudo haberse limitado a hablar estrictamente del hambre, que era el objeto del reconocimiento, que por otra parte no se limita a su administración, sino que meritúa que desde 1990 nuestro país mantiene el hambre por debajo del 5%. La referencia que quiso hacer Cristina tal vez obedeciera a una confusión, o a la intención de asignarle a su gobierno un mérito concreto que lo distinguiera de los otros comprendidos en el lapso en cuestión.
Lejos de acotar los daños, al día siguiente el jefe de Gabinete incurrió en el error que él mismo le reprochaba en privado a su antecesor, que hablaba todas las mañanas de todos los temas. Con un curioso acento germano que dio lugar a que los medios se cansaran de repetir la grabación, alimentó la polémica con su curiosa aseveración sobre la pobreza en Alemania.
Tal vez lo agarraron distraído a Aníbal Fernández, preocupado como está con su campaña en la provincia de Buenos Aires. Pasa que comenzaron a circular los últimos días datos inquietantes sobre su candidatura provincial, habida cuenta de encuestas que le dan un altísimo nivel de conocimiento, pero también una fuerte imagen negativa. En ese contexto llamó la atención que suspendiera actividades de campaña, luego de haber sido mostrado en las tandas de Fútbol Para Todos del fin de semana en las recorridas que ya estaba realizando en la Provincia.
Fue la señal que llevó a un grupo de gobernadores a sugerir abiertamente que el Frente para la Victoria juegue a fondo para ganar las elecciones en primera vuelta. La estrategia es sencilla: bajar a Florencio Randazzo a la Provincia, donde sería el candidato poderoso que está faltando y que garantizaría una victoria holgada que, a su vez, potenciaría de manera decisiva a Daniel Scioli, a la sazón único candidato presidencial, según el plan.
La simplificación de candidatos solucionaría un tema que desvela al oficialismo: como están las cosas, aunque la sumatoria del Frente para la Victoria lo supere, el candidato más votado el 9 de agosto sería Mauricio Macri. Y en la Provincia podría pasar lo mismo con María Eugenia Vidal, sobre todo si son tres los precandidatos K que compiten -Aníbal, Julián Domínguez y Fernando Espinoza-. Candidatos únicos abonarían además la histórica tendencia del peronismo a evitar las internas.
Haciendo un alto en sus críticas cada vez más virulentas contra su rival, Florencio Randazzo decidió cortar por lo sano las versiones y reiteró que antes de bajar a la Provincia se va a su casa. Fue contundente, pero está claro que si la Presidenta le pidiese que sea candidato a gobernador, no hay chance de que se resista. Tal vez por eso el ministro redoble sus embestidas contra Daniel Scioli: para acortar diferencias, fundamentalmente, y para evitar que terminen pidiéndole que sea su candidato a gobernador.
El próximo sábado se develarán todos los misterios en torno a las candidaturas. Pero en cuanto a Randazzo, pese a la presión de los gobernadores no hay demasiadas chances de que no siga siendo precandidato presidencial después de ese día. Es que, a diferencia de los que se preocupan por lo que puedan medir individualmente los candidatos oficialistas, la Presidenta es partidaria de esa atomización. En rigor, sugirió achicar el número de precandidatos vía baños de humildad para evitar porcentajes muy exiguos, pero no desea candidatos únicos, fundamentalmente para la presidencia. Los porcentajes elevados potencian a las figuras y ella quiere seguir siendo la protagonista principal.
En modo alguno podría esperarse la proclamación de la fórmula 'Scioli presidente, Randazzo gobernador', que parecería augurar un triunfo seguro, pues estaría consagrando prematuramente al actual gobernador bonaerense como su virtual sucesor. No sería Cristina si le cediera así desde el próximo sábado el protagonismo total a Scioli.
No es Máximo Kirchner el compañero de fórmula que Daniel Scioli espera tener; él ya adelantó la última semana su aspiración a que sea un gobernador, pero se sabe que priorizará los deseos presidenciales. Cristina ha dicho que será prescindente en las PASO, de ahí que no deba esperarse que ponga a su hijo en una de las fórmulas presidenciales, pues eso sería elegir un sucesor. A menos que haya una sola fórmula, y ya hemos dicho por qué eso resulta inviable.
Así las cosas, lo más probable es que si Máximo es candidato, lo sea para un cargo legislativo. En ese caso, debería encabezar la lista de diputados bonaerenses, o la del Parlasur. Lo mismo corre para su madre.
Pero hablábamos al principio del protagonismo de la oposición durante la última semana. Fue por la definición de la novela Macri-Massa, en la que el segundo confirmó que sigue siendo candidato presidencial. Pese a ello, este fin de semana se seguía afirmando que las negociaciones persisten, con el objeto de habilitar listas comunes. Una versión daba por seguro que Massa cumpliría su palabra de ser candidato, al menos en agosto, y que luego podría bajarse para octubre, en aras de no contribuir a una victoria del kirchnerismo. Pero eso significaría dejar huérfanos a sus candidatos legislativos, lo que hace muy improbable ese rumor.
Por la palabra empeñada, el tigrense debería ser candidato en agosto y octubre, y los votos que obtengan serán parte de un capital político potenciado por las circunstancias adversas.
El problema es su depreciación. Hace un mes, en el macrismo especulaban conque Massa llegaría a las elecciones de agosto con un 15% de intención de voto, y para octubre bajaría al 8. Este viernes se conoció una encuesta de Ricardo Rouvier que ya le asigna en todo el país un 10,1%. En el cuarto lugar, debajo de Randazzo. Así, la capacidad de negociación se va reduciendo inexorablemente