Otras encuestas elaboradas ya sin propósitos promocionales muestran en cambio un panorama muy parecido al de las PASO. Con Scioli tal como quedó el 9 de agosto; Macri conservando los votos de sus aliados de Cambiemos, un punto más arriba o uno más abajo, según el sondeo; y Massa escalando desde su
14% individual al 17, o a 20, en ese caso conservando también los votos de su socio De la Sota.
Sin aires de optimismo, un encumbrado legislador del macrismo eligió como figura para este pasaje de la campaña 'un agujero', donde ninguno de los candidatos logra avanzar más allá de los votos obtenidos en las primarias.
Este estado de situación es el que llevó al oficialismo a cambiar el eje de la campaña. Por un lado, mantienen la presión contra Macri a puro carpetazo. Sin respiro, la cadena de medios oficialistas machaca con denuncias contra el gobierno porteño, aunque el exceso hace perder la efectividad que se había alcanzado con el caso Niembro. Y si bien mantienen a Macri como 'el enemigo' y solo de él hablan de entre todos los candidatos, alientan por lo bajo la sorprendente competitividad de Sergio Massa, convencidos de que los votos que pueda arrebatarle al líder del PRO, más un mínimo crecimiento del gobernador bonaerense, podría permitirles el objetivo de mínima para ganar en primera vuelta: pasar la línea de los 40 puntos y sacar una ventaja de 10.
El problema del candidato presidencial oficialista es que tiene que estar pendiente de los votos que pueda perder Macri y los que logre sacarle Massa, como si hubiera perdido las esperanzas él de engrosar su cosecha a partir de una parte del electorado que le fue esquivo en agosto. Pasa que el candidato del FpV no ha podido desplegar la campaña que se esperaba fuera a desarrollar. Se sabía que para las PASO Scioli mantendría los pies dentro del plato cristinista, cuestión de consolidar ese electorado, mas de cara a octubre iría por un voto independiente, con más vuelo propio. A un mes de las elecciones, no es lo que se está viendo en la campaña. Más bien todo lo contrario. Scioli se muestra áspero con su amigo Macri, en un tono que no es el que lo hizo crecer históricamente en la consideración pública. El escándalo tucumano lo salpicó, y el mismo día en el que la controvertida Milagro Sala volvía a ser noticia acusada por amenazar a policías, se mostró junto a ella para la foto. No hay manera de pescar votos nuevos si no sale a cazar fuera del zoológico.
Ese era el objetivo cuando a principios de la semana encabezó un acto en el Teatro Opera para presentar sus metas económicas. Se pretendía marcar una suerte de punto de inflexión en la campaña con su promisorio anuncio de 30 mil millones de dólares anuales en inversiones que quedó eclipsado en menos d
e 24 horas con la medida dispuesta por la CNV, que derrumbó los mercados y disparó el valor del dólar blue. Fuentes del sciolismo no ocultaron su malestar por semejante disposición de la que obviamente conocieron a través de los medios.
Paralelamente llegó el anuncio de que no participará del debate presidencial organizado para el 4 de octubre. La decisión no debe sorprender, pues así como otros países -incluso de la región- tienen toda una tradición en la materia, la Argentina la tiene también, pero en sentido contrario: la tradición aquí es que el que va delante, no debate.
Carlos Menem marcó el camino en 1989, cuando dejó la silla vacía en el programa de Bernardo Neustadt, desairando a su rival Eduardo Angeloz. Como semejante actitud no le acarreó ningún perjuicio electoral, ese comportamiento se hizo rutina.
Daniel Scioli dejó trascender que no estaba dispuesto a asistir al debate a través de uno de sus voceros habituales, el diputado provincial Guido Lorenzino, y luego otros miembros de su equipo lo corroboraron, hasta que el propio gobernador lo confirmó.
Sonó pueril el argumento esgrimido respecto a que 'falta una ley' para reglamentar el tema, y más aún la promesa de Alberto Pérez de que 'vamos a mandar en estos días al Congreso Nacional un proyecto de ley sobre debate para que lo discuta nuestro bloque'. Porque el sciolismo no tiene ningún legislador propio, y porque en realidad ya hay un proyecto consensuado que hace dos meses obtuvo dictamen en la
Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja, mas cajoneado por el kirchnerismo, cuando todavía le resta pasar por otras tres comisiones. Temas más difíciles y controversiales fueron aprobados por el kirchnerismo en tiempo récord; este no es prioridad, al menos para esta elección.
¿Puede generarle esta actitud algún costo a Daniel Scioli? El analista
Rosendo Fraga dice que sí: le impediría ganar en primera vuelta. Suena lógico: no es que sea el único elemento para ello, pero estancado como está en las encuestas como el resto de los candidatos, el gobernador bonaerense pierde con esta actitud la oportunidad de obtener votos de un electorado diferente, ante el cual hubiera tenido una oportunidad única de diferenciarse, haciendo lo que ningún otro candidato ganador hizo hasta ahora, empezando por su mentor.
Scioli parece apostar así exclusivamente al voto peronista que pueda escurrírsele a peronistas disidentes, a mejorar su cosecha en el Conurbano y en la esquiva Córdoba, y a distanciarse del segundo más por impericia ajena que por virtudes propias.