No tenemos la “justa”, sino que solamente sacamos una deducción. El tema que nos preocupa es una cadena de actos, en que todos nos perjudicamos. Los hechos para ser evaluados son ver cómo se ha evolucionado, para arribar a estos tremendos casos de inseguridad e injusticia. Partamos de que las personas para vivir, deben procurarse de un alimento y luego un techo. Eso se obtiene con un trabajo. Si no se tiene, se lo busca y no se distingue entre uno honrado o ilegal. Hay que comer, para uno y para su familia. ¿Hay trabajo? Según las estadísticas oficiales, casi sobraban, pero la realidad es que va en descenso. Entonces, las personas van a Paraguay o Bolivia, donde por pocos pesos, compran productos, revendiendo en el país. Es el primer paso de lo deshonesto, pero dentro de cierto orden. Quien compra está haciendo caridad con las personas, pero esquivando al parásito del Estado que se “cuelga” en todo, tras la necesidad de dinero. Si esa fuente se le cierra, se le ofrece la venta de droga. El vehículo es que el traficante lucra por demás..., sin darle su parte al Estado. Así funciona y funcionará mientras no se provea trabajo.
Roberto M. Cortés
DNI 7.712.365