Yoaquín Tomás Bruno tenía 19 años. Viajaba en un auto con amigos y murió luego de un brutal accidente, porque el que manejaba se puso a correr con otro automovilista y perdió el control. Empieza el juicio al conductor.

Yoaquín Tomás Bruno tenía apenas de 19 años, cuando en la noche del 17 de abril de 2015 salió con sus amigos y compañeros de la escuela, quienes se subieron al auto que manejaba uno de ellos, el que decidió “prenderse” en una picada en una avenida del partido de San Martín. Esta irresponsable conducta terminó en tragedia, ya que en el vehículo en el que iban varios chicos impactó contra una columna, dio una serie de vuelcos y se estrelló contra el paredón de una estación de servicio. Todos los ocupantes de ese coche sufrieron lesiones de gravedad y la víctima fatal agonizó durante cinco días hasta que se produjo su deceso. Este siniestro vial, con secuela de muerte, hoy llega a juicio, el que se iniciará el próximo lunes 20 y se extenderá por cinco jornadas.

Nahuel Naranjo, quien conducía el Volkswagen Gol que protagonizó ese choque en la esquina de las avenidas San Martín y Rodríguez Peña de la localidad de Villa Lynch, es el único imputado por el “homicidio culposo” de “Yoa” Bruno, en el debate que se desarrollará ante el Juzgado en lo Correccional Nº 5 de San Martín, a cargo de Claudio César Frega. Hay una importante cantidad de testigos citados a prestar declaración, además de peritos, personal policial y médicos, quienes intervinieron en la investigación de la causa y Patricia Sánchez, madre del chico fallecido, espera que “haya una condena de cumplimiento efectivo, con todas las pruebas reunidas está claramente expuesta la responsabilidad de quien se comportó como un asesino y si la acusación pide una pena para que el culpable vaya preso, que el fallo sea el que corresponde”.

“Hubo más de dos años de investigación, en la que el fiscal Rubén Moreno hizo un trabajo en el que demuestra que Naranjo tuvo un accionar imprudente, al ponerse a correr una picada con otro auto en una avenida transitada y que al llegar a la curva, chocó frontalmente a una columna de alumbrado público, para luego dar contra unos canteros, salir despedido a los tumbos y terminar contra un paredón. El golpe más fuerte fue del lado trasero, en el que estaba Yoa y por eso fue el que sufrió las lesiones más graves”, sostuvo la mujer, constituida en una luchadora, junto a otros familiares de víctimas de hechos de tránsito.

En esa esquina, en la que se produjo la colisión, una estrella amarilla (que será repintada el domingo que viene, en el Día Mundial de Recuerdo de las Víctimas de Tránsito) da testimonio de memoria permanente de Yoa Bruno, acompañada por un mural con mensajes en favor de una mayor conciencia vial en la sociedad, ya que las estadísticas en los siniestros, a los que se suele denominar accidentes, representan uno de los principales causales de muerte en nuestro país.

“Este chico, hoy de 21 años, que se decía amigo de mi hijo, lo llevó a la muerte. Nunca recibí una disculpa, tampoco de parte de su familia, pese a que éramos conocidos por la relación entre los chicos. Nunca recibí una muestra de apoyo, ni siquiera acompañamiento y esa actitud se mantuvo a lo largo de este tiempo, en los que intentaron evitar este juicio, que por fin comienza y en el que confiamos, junto a mi abogado Norberto Frontini, que puede darse una condena de cumplimiento efectivo, además de una larga inhabilitación para manejar. Yo perdí a mi único hijo, poco después de enviudar, en situaciones que potencian el dolor, pero que intento canalizar para que no haya más muertes por cuestiones evitables como los hechos de tránsito”, concluyó Patricia Sánchez.

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