Hernán Boveri y Delfina Lanusse están en el centro de una investigación por el escándalo del Hospital Italiano que desencadenó en la muerte de un anestesista.
En medio del impacto mediático por la investigación que sacude al Hospital Italiano de Buenos Aires, donde la residente Delfina “Fini” Lanusse quedó imputada por el presunto desvío de fármacos, empezó a tomar relevancia un nombre que no estaba entre los principales: Chantal “Tati” Leclercq.
La aparición de Leclercq no responde a una imputación ni a un rol directo dentro del expediente pero igual de potente en la narrativa del hecho: el entramado de vínculos personales que rodea a los protagonistas de un caso que mezcla medicina, sustancias de uso crítico y una muerte que aún resuena.
Leclercq es médica y, según las reconstrucciones que se hicieron hasta ahora, mantiene una relación de amistad con Lanusse que viene desde sus años de formación en la Universidad Austral. Después de esa etapa académica, ella continuó su carrera como residente de Anestesiología en el Hospital Rivadavia, donde habría coincidido con Alejandro Zalazar, el anestesiólogo de 31 años cuya muerte por sobredosis en su departamento de Palermo fue el que activó toda la investigación judicial.
Ahí es donde la figura de “Tati” deja de ser solo un nombre que circula en redes para convertirse en un nexo posible dentro de una historia más amplia. No figura como protagonista judicial, al menos hasta este momento. En ese mapa, Leclercq aparece como un punto de contacto entre Lanusse y Zalazar, la intermediaria en el contacto entre ambos.
En el centro de este esquema aparece Delfina “Fini” Lanusse, una médica egresada de la Universidad Austral que se desempeñaba como residente de tercer año de Anestesiología en el Hospital Italiano. Lanusse quedó imputada tras ser señalada como parte del esquema de robo y desvío de estupefacientes, y su cercanía con los eventos donde se utilizaban estas drogas la puso bajo la lupa de la Justicia de forma inmediata. Antes de que estallara el escándalo, la joven mantenía un perfil muy activo en internet, donde solía compartir videos en TikTok realizando bailes o mostrando su vida cotidiana y social. Sin embargo, tras su apartamiento preventivo del hospital, tomó la determinación tajante de cerrar su cuenta de Instagram para eliminar su rastro en las redes sociales.
Por su parte, la investigación también avanza sobre Hernán Boveri, un médico anestesiólogo con trayectoria y mucha experiencia que trabajaba en el Hospital Italiano. Boveri está implicado como uno de los presuntos organizadores de estas "fiestas de propofol" y el fentanilo. La Justicia busca determinar si estos medicamentos, robados de la institución, terminaban siendo usados en lo que se denominaron "fiestas recreativas". Además, trascendió un video donde el profesional promocionaba un curso desde un consultorio.
En esa grabación promocional, que hoy cobra un tono mucho más oscuro, se lo ve vestido con ambo médico invitando a sus colegas a un curso de anestesia intravenosa: "Hola, ¿cómo están? Soy Hernán Boveri y quería invitarlos a un evento sin precedentes en Latinoamérica", comienza diciendo el profesional en el clip. Lo curioso es que, sobre el final del video, el anestesiólogo invita a vivir "3 días a pura TIVA (Anestesia Total Intravenosa)", mencionando exactamente la misma técnica y vía de administración de las drogas por las que hoy está siendo investigado.
En este momento, la Justicia busca abrir el celular de Alejandro Zalazar, con el objetivo es obtener información relevante para la investigación. El celular está bloqueado, por lo que se necesita de especialistas para lograr su apertura y así extraer toda información que pueda ser de suma importancia en la causa.
Mientras la causa avanza bajo la órbita de la Justicia para determinar el alcance real de este circuito de anestésicos. El caso no solo expone posibles irregularidades dentro del Hospital Italiano, sino también cómo los vínculos personales se vuelven parte del relato a medida que se va indagando en la historia.