Graciela Beatriz Panebianco, la madre del cabo primero Cristian Alberto Agusti, asesinado en 2003, critica a la Justicia por los beneficios que morigeraron las penas de los sujetos que mataron a su hijo.

"Me parece que lo van a dejar libre, tengo esa sensación. Si a esto se le suma que todavía hay uno que está prófugo y que a los otros dos condenados también les dieron beneficios de excarcelación, todo es un gran circo. A catorce años del asesinato de mi hijo, la Justicia me sigue dando la espalda. Para ellos todos los derechos y para los familiares de la víctimas, poco, casi nada”. Desde la ciudad de Mar del Plata, Graciela Beatriz Panebianco, madre del cabo primero Cristian Alberto Agusti, a quien mataron en “cumplimiento del deber” al impedir un asalto, relata sus padecimientos en el largo devenir de una causa, que tuvo dos juicios, un sinfín de apelaciones y que para el martes 19 de junio tiene prevista una audiencia que podría definir la situación de uno de los dos condenados a perpetua, de los cuatro imputados por el crimen.

El efectivo, de entonces 28 años y que se desempeñaba en la DDI de Mar del Plata, fue alertado, junto a su compañero Cristian Fournier de un hecho de robo en un comercio de venta de artículos de computación.

Al intervenir, en horas de la tarde del 27 de octubre de 2003, se enfrentaron a los ladrones y en medio del tiroteo, Agusti recibió tres disparos mortales y el otro policía resultó con heridas de gravedad, de las que logró recuperarse.

Por este episodio fueron detenidos Fernando Ariel Palomino, Claudio Raúl López y Marcelo Carlos De los Santos, mientras que el otro miembro de la banda, identificado como Javier Alejandro Salaverry Gabarain, nunca pudo ser localizado y, por lo tanto, continúa prófugo y para aquel que aportes datos fehacientes para capturarlo está vigente una recompensa de 70 mil pesos, que fuera ofrecida por el Ministerio de Seguridad bonaerense.

Recién en noviembre de 2005, López fue condenado a perpetua, con el agravante que al momento del hecho se encontraban con arresto domiciliario, mientras que a Palomino se le computaron las acusaciones por otro homicidio (el de la profesora Marcela Campana cometido en una salidera bancaria) y entonces, recibió la pena de 35 años de cárcel. Y en un segundo proceso, desarrollado recién en diciembre de 2013, debido a que estuvo oculto todo ese tiempo, De los Santos resultó sentenciado a 20 años de prisión. El encierro en distintas unidades penales de los tres culpables del asesinato del cabo primero Agusti se fue morigerando, a raíz de los diversos recursos planteados por sus abogados.

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Por ejemplo, la Sala I del Tribunal de Casación resolvió reducir la condena de Palomino a 25 años, a partir de la “interpretación” de un artículo del Código Penal y considerar que la pena resultaba “inhumana, cruel y degradante”, sin tener en cuenta que, al igual que López, tenía un régimen de libertad asistida para la fecha en que se tiroteó con los dos policías en la calle 20 de Septiembre, entre Castelli y Alvarado, en la zona céntrica marplatense.

“Como le bajaron la condena, Palomino viene solicitando desde noviembre del año pasado, el otorgamiento de más beneficios. El próximo 19 de junio se realizará en el Juzgado de Ejecución Nro. 1 de Mar del Plata, a cargo de Ricardo Perdichizzi, una audiencia con todas las partes para resolver el pedido de libertad condicional o salidas transitorias. Yo creo que lo van a largar, como ya pasó con López, el que, supuestamente, sale seis horas por mes, desde el pasado mes de marzo”, sostiene Graciela Panebianco, quien denuncia que “ni siquiera estaba enterada, ya que no me notificaron y eso me hace tener más dudas todavía”.

En medio de “estas injusticias”, la mujer sufrió un intento de secuestro, que atribuyó “al accionar mafioso de estos tipos que se creen impunes. Me sorprendieron a dos cuadras de mi casa, me arrastraron casi una cuadra para meterme adentro de un auto, pero me resistí y quedé toda golpeada. Hice la denuncia, pero no pasó nada, cuando fue un claro episodio de intimidación, ya que sigo reclamando, a pesar de todo”.

Sobre el prófugo Salaberry Gabarain, la propia madre de la víctima se ha encargado de buscarlo, ante la desidia de los investigadores. “Hay una recompensa, pero para mi, nadie lo busca. Entonces, cuando me dijeron que podía estar en Mendoza con un documento falso, habiéndose borrado los tatuajes que tenía y operado para cambiar su cara, me fui a buscarlo por las mías. Seguí varias pistas y no lo encontré. Por eso, le escribí una carta a la gobernadora María Eugenia Vidal cuando asumió, pensando que con el cambio de autoridades iba a lograr algo, pero me respondieron que están esperando identificarlo en algún control, cuando pase por un peaje o si se presenta a votar. Inaceptable las explicaciones que recibí”, concluyó.

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