La Justicia determinó que Rodrigo Gómez fue víctima de un engaño orquestado desde el penal de Magdalena. Los estafadores fingieron ser policías para exigirle dinero.
La investigación por la muerte de Rodrigo Gómez, el soldado que se quitó la vida en diciembre mientras cumplía funciones en la Quinta de Olivos, dio un giro tras el análisis de su teléfono celular. La Justicia confirmó que el joven fue víctima de una red de extorsión que operaba desde el interior del penal de Magdalena.
Mediante un engaño iniciado en la aplicación de citas Evermatch, los delincuentes lograron llevar al soldado a una situación límite tras una serie de amenazas.
El método utilizado por la banda, liderada por un detenido de apellido Francavilla, combinaba la actuación y el hostigamiento psicológico. Primero, una mujer se comunicaba con la víctima haciéndose pasar por la madre de una supuesta menor de edad, a quien acusaba a los gritos de haberle enviado material inapropiado a su hija de 17 años. "¡Degenerado! ¿Quién te pensás que sos para mandarle eso a mi hija? ¡Ya me estoy yendo a hacerte la denuncia!", gritaba la mujer en uno de los audios para generar el shock inicial.
Luego, entraba en escena un falso oficial que utilizaba la identidad robada de un policía real. Para darle veracidad al plan, el delincuente ambientaba la comunicación con ruidos de handys y conversaciones de fondo, simulando estar en una comisaría. Bajo términos como “detención de cumplimiento efectivo” y “grooming”, el estafador abrumaba a la víctima asegurándole que su libertad y reputación dependían de un pago inmediato para frenar el expediente. “Mirá, sabé que si me estoy comunicando con vos es para ver si te puedo dar una mano en esto”, decía el extorsionador para pasar del modo amenazante a uno falsamente conciliador.
La trama se descubrió gracias a la intervención de la jueza Sandra Arroyo Salgado y la División Homicidios de la Policía Federal. El peritaje del dispositivo de Gómez reveló que, aunque otras potenciales víctimas cortaron el contacto al detectar el fraude, el soldado cayó en la trampa del esquema clásico de estafa virtual: plantear un panorama oscuro para luego ofrecer una "solución" económica inexistente. Tras dejar una nota de despedida, el joven terminó con su vida agobiado por el acoso de una organización que, según se comprobó, utilizaba alias y cuentas de terceros para canalizar el dinero de sus víctimas.
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