Protagonista de la construcción de varios partidos y alianzas, Elisa Carrió volvió a quedar en el ojo de la tormenta. Una historia política jalonada por amores y odios políticos, sin solución de continuidad.

Así como las crisis en la Argentina son recurrentes, también lo son los estallidos de Elisa Carrió. Ante cada uno de esos episodios, es habitual recordar las veces que la chaqueña ha arrastrado el mantel, dejando a los comensales que invitó con los platos en el piso y enojados. La pregunta es por qué el resto de la dirigencia sigue atendiendo sus convocatorias, aun cuando ya antes han sido partícipes de esos episodios rupturistas.

La respuesta es sencilla: porque mide bien. Pues así como es capaz de romper las construcciones que edifica, se reconvierte desde las cenizas y vuelve a lograr el reconocimiento público, lo cual no es poco.

Lilita se casó a los 15, fue mamá a los 16 y se divorció a los 18. Nadie puede disociar esa cuestión personal de su carrera política. Aunque puede que sus divorcios políticos sean más ruidosos que los personales.

Se fue del radicalismo en 2001, cuando la Alianza se iba a pique. El disparador de su adiós fue la decisión del presidente Fernando de la Rúa de enviar el proyecto de superpoderes para el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo.

El 18 de mayo de 2001 presentó el movimiento Argentina por una República de Iguales (ARI), en un acto en el que calificó de "traidores" a los máximos dirigentes de la Alianza, acompañada por sus nuevos socios, los socialistas Alfredo Bravo, Héctor Polino y el hoy K Jorge Rivas. En ese acto de lanzamiento cantó la hoy ministra de Cultura Teresa Parodi.

El 12 de julio de 2002, la líder del ARI dio una conferencia de prensa para impulsar un proyecto de ley para declarar la caducidad de todos los mandatos legislativos. La acompañaban en su propuesta el jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra y el gobernador Néstor Kirchner.

El 12 de noviembre de ese año, Carrió dio por finalizada la unión del ARI con el Partido Socialista, luego de que los dirigentes de ese partido no participaran de su lanzamiento como candidata presidencial. Ya venían teniendo roces por el tema del aborto, luego de que el entonces diputado Rubén Giustiniani presentara una propuesta para su despenalización para casos específicos. Carrió dijo lamentar la separación por Alfredo Bravo, pero aclaró que "tuve disgustos peores", como cuando se desencantó de Raúl Alfonsín.

En julio de 2006, se alejó de la conducción del ARI, para tener "libertad de pensamiento" y poder "hablar con otros sectores de la sociedad". Lilita venía generando rispideces hacia adentro del partido con actitudes como elogiar a Ricardo López Murphy, o habilitar el ingreso al partido del ex delarruista Enrique Olivera, quien terminó siendo candidato a vicejefe de Gobierno porteño. Al año siguiente renunció a su banca de diputada para dedicarse a la campaña presidencial, cosa que desató fuertes críticas en su partido.

Semanas más tarde, en abril de 2007, lanzó en el Teatro Margarita Xirgu la Coalición Cívica, convocando a "cambiar la forma de hacer política en la Argentina y construir entre todos un nuevo paradigma de la política". Estuvieron a su lado el rabino Sergio Bergman, Alfonso Prat-Gay, Daniel Sabsay, los socialistas Rubén Giustiniani y Héctor Polino, Patricia Bullrich y Jorge Telerman, quien fue el candidato a jefe de Gobierno por la CC.

Para las elecciones de 2009 -que el gobierno kirchnerista adelantó para junio-, recompuso relaciones con la UCR, en el marco del Acuerdo Cívico y Social, que hizo una muy buena elección. No tardaría en pelearse con sus socios. En diciembre, comenzó a tomar distancia del radicalismo, que recomponía relaciones con el cobismo. Ella aclaró que no quería saber nada con quienes habían formado parte del kirchnerismo.

Ya en enero denunciaba un pacto entre la UCR y el gobierno por una polémica generada en torno al uso de divisas del Banco Central. Como réplica, los líderes de la UCR le endilgaron tener "ignorancia" o "mala fe". Así siguieron a los tumbos rumbo a las presidenciales de 2011, pero no lograron llegar juntos: declaraciones del gobernador santafesino Hermes Binner en favor de no quitarle al gobierno nacional la potestad de fijar el nivel de las retenciones, le dieron pie a alejarse del ACyS.

En soledad, volvió a ser candidata presidencial en 2011, llegando a su piso histórico del 1,82%. Se imaginó retirada de la política, pero se recompondría dos años después, cuando anudó una alianza con "Pino" Solanas y luego volvió a arreglar con los radicales, formando UNEN en la Ciudad de Buenos Aires. Una experiencia exitosa, que fue la que quisieron replicar a nivel nacional.

El problema para el Frente Amplio UNEN es la falta de una figura convocante para arrastrar votos. Problema que no tuvo en 2013, cuando el juego de varios candidatos atrajo a los electores, pero sobre todo la figura de Elisa Carrió, taquillera como pocas para elecciones legislativas. Es lo que le falta hoy al FA UNEN a nivel nacional: un candidato atractivo que arrastre votos. Es lo que piensa la propia Carrió, que a pesar de ser precandidata presidencial, sabe que esa figura no puede ser ella.

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